El parvovirus humano B19 es un virus muy frecuente en todo el mundo. Aunque en la mayoría de las personas produce una infección leve o incluso pasa desapercibida, en determinadas situaciones puede tener consecuencias importantes, especialmente durante el embarazo. Por este motivo, es fundamental conocer cómo se transmite, cuáles son sus síntomas, qué riesgos puede suponer para el feto y qué medidas pueden ayudar a prevenir la infección.
¿Qué es el parvovirus B19?
El parvovirus B19 es un virus pequeño que solo infecta a los seres humanos. Fue descubierto de forma casual al analizar la sangre de un donante sano, identificado como el número 19 del panel B, de ahí su nombre. Este virus se transmite principalmente por las secreciones respiratorias (al toser, estornudar o hablar), por el contacto mano-boca, a través de la sangre y, en el caso de las embarazadas, puede pasar de la madre al feto a través de la placenta.
La mayoría de las personas se infectan en algún momento de su vida, generalmente durante la infancia. Se calcula que entre el 60 y el 75 % de los adultos ya han pasado la infección y, por tanto, son inmunes.
¿Cómo se manifiesta la infección?
En muchas ocasiones, la infección por parvovirus B19 no produce síntomas o causa molestias leves, similares a un resfriado común. Cuando aparecen síntomas, suelen hacerlo tras un periodo de incubación de entre una y tres semanas.
La enfermedad suele desarrollarse en dos fases. En una primera fase, que es la más contagiosa, pueden aparecer fiebre, cansancio, dolor de cabeza, malestar general y síntomas catarrales. En una segunda fase, pueden surgir manifestaciones más características.
En los niños, lo más típico es la llamada “quinta enfermedad” o “enfermedad de la bofetada”, un exantema o erupción en la piel que enrojece intensamente las mejillas y luego se extiende al resto del cuerpo con un patrón en forma de encaje. En los adultos, especialmente en mujeres, es frecuente que aparezcan dolores e inflamación en las articulaciones de manos, muñecas o rodillas, que pueden durar semanas o incluso meses.
En raras ocasiones, el virus puede afectar a la médula ósea, donde se producen las células de la sangre, causando una disminución de los glóbulos rojos y provocando anemia. Esto es más habitual en personas con enfermedades hematológicas previas o con un sistema inmunitario debilitado.
Parvovirus B19 y embarazo
Durante el embarazo, el parvovirus B19 merece especial atención porque puede transmitirse al feto. Aproximadamente entre el 17 y el 33 % de las mujeres embarazadas que se infectan pueden transmitir el virus a su bebé a través de la placenta.
A diferencia de otros virus, el parvovirus B19 no produce malformaciones congénitas. Sin embargo, puede afectar a los órganos del feto, especialmente a los que participan en la producción de glóbulos rojos, como el hígado fetal. Esto puede provocar anemia fetal, una situación en la que el bebé no tiene suficientes glóbulos rojos para transportar oxígeno.
Cuando la anemia es grave, el corazón del feto tiene que trabajar más de lo normal, lo que puede llevar a una acumulación anormal de líquido en diferentes partes de su cuerpo. Esta situación se conoce como hidrops fetal y es la complicación más característica de la infección por parvovirus durante el embarazo.
El riesgo de complicaciones es mayor cuando la infección se produce en el primer o segundo trimestre. En etapas más avanzadas del embarazo, el feto tiene una mejor respuesta inmunitaria y menor riesgo de desarrollar problemas graves.
¿Qué es el hidrops fetal?
El hidrops fetal es una condición grave que se caracteriza por la acumulación de líquido en al menos dos zonas del cuerpo del feto, como el abdomen, el tórax o debajo de la piel. También puede asociarse a un aumento del tamaño de la placenta y a un exceso de líquido amniótico.
Se estima que entre el 15 y el 20 % de los casos de hidrops fetal no inmune están relacionados con la infección por parvovirus B19. Aunque en algunos casos el hidrops puede mejorar de forma espontánea, en otros puede poner en peligro la vida del feto y requerir tratamiento especializado.
Riesgo de pérdida del embarazo
El riesgo de aborto o muerte fetal depende en gran medida del momento del embarazo en el que se produce la infección. Cuando la infección ocurre antes de las 13 semanas, el riesgo de pérdida gestacional puede llegar hasta el 13 %. Entre las semanas 13 y 20, el riesgo disminuye, y a partir de las 20 semanas es muy bajo, inferior al 1 %.
La mayoría de las pérdidas fetales asociadas al parvovirus ocurren en el primer mes tras la infección materna. En los casos más graves, incluso los fetos que sobreviven pueden presentar, en un pequeño porcentaje, alteraciones neurológicas o del desarrollo a largo plazo.
Diagnóstico en la madre y el feto
No se recomienda realizar pruebas de detección de parvovirus de forma rutinaria en todas las embarazadas. Las pruebas se reservan para mujeres que presentan síntomas compatibles, han tenido contacto reciente con una persona infectada o cuando se detectan problemas en el feto sin una causa clara.
El diagnóstico en la madre se basa principalmente en un análisis de sangre que detecta anticuerpos frente al virus. La presencia de anticuerpos específicos permite saber si la mujer ha pasado la infección en el pasado, si está infectada recientemente o si es susceptible de infectarse.
En el feto, el seguimiento se realiza principalmente mediante ecografías. Estas permiten valorar si existe anemia fetal o signos de hidrops. Una herramienta clave es el estudio del flujo sanguíneo en una arteria del cerebro del feto, que ayuda a detectar anemia de forma no invasiva.
Tratamiento y seguimiento
Actualmente no existe un tratamiento específico ni una vacuna contra el parvovirus B19. Por ello, el manejo durante el embarazo se basa en un control estrecho mediante ecografías periódicas durante varias semanas tras la infección.
Si se detecta anemia fetal grave, en determinados casos se puede realizar una transfusión de sangre directamente al feto, un procedimiento especializado que ha mejorado notablemente la supervivencia. Gracias a estos avances, la mayoría de los fetos tratados de forma adecuada evolucionan favorablemente.
Prevención: la clave más importante
Dado que no existe vacuna ni tratamiento curativo, la prevención es fundamental. Las medidas más eficaces son sencillas: lavado frecuente de manos, mantener una adecuada higiene respiratoria y evitar, en la medida de lo posible, el contacto estrecho con personas infectadas.
Las mujeres embarazadas deben extremar las precauciones, especialmente si conviven o trabajan con niños pequeños, que son el principal reservorio del virus. Evitar compartir cubiertos, vasos o alimentos y reforzar las medidas de higiene puede reducir el riesgo de contagio.
Conclusión
El parvovirus B19 es una infección muy común y, en la mayoría de los casos, leve. Sin embargo, durante el embarazo puede tener consecuencias importantes para el feto, especialmente si la madre no es inmune. La falta de síntomas claros y la ausencia de un tratamiento específico hacen que la prevención y el diagnóstico precoz sean esenciales.
Informar a las gestantes sobre las medidas de prevención, reconocer los posibles signos de infección y realizar un seguimiento adecuado cuando existe sospecha permite reducir los riesgos y mejorar el pronóstico tanto para la madre como para el bebé.
AUTORES:
- Rialta Castán Marigómez. Médico Residente 3 año en Ginecología y Obstetricia – Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
- Celia Queipo Menéndez. Médico Residente 4 año en Ginecología y Obstetricia – Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
- Laura Blasco Alconchel. Médico Residente 3 año en Ginecología y Obstetricia – Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
- Hannah Sarasola Cullen. Médico Residente 3 año en Ginecología y Obstetricia – Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
- Ana Romeo Aparicio. Médico Residente 4 año en Ginecología y Obstetricia – Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
- Pedro Olivera Salort. Médico Adjunto en Ginecología y Obstetricia – Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
- Naomi Artal López. Médico Adjunto en Ginecología y Obstetricia – Parc Sanitari Sant Joan de Déu en Sant Boi de Llobregat, Barcelona.
- Ana Salinas Badia. Médico Adjunto en Ginecología y Obstetricia – Hospital de Barbastro.
- Elena Beltrán Murillo. Médico Adjunto en Ginecología y Obstetricia – Hospital Nuestra Señora de Gracia Zaragoza.
- María Cortés Costa. Médico Adjunto en Ginecología y Obstetricia – Hospital Nuestra Señora de Gracia Zaragoza.


