Prevención ante el melanoma; la piel tiene memoria por eso ni olvida ni perdona


Óscar Sambía Novellón, Ana Belén Mongío Pardo, Esmeralda Lobera Salvatierra, Almudena Cañardo Yebra, Isabel Torres Jurado, Lucía Iglesia Carnicer, Montserrat Opla Ascaso y Lucía Rivarés Garasa

Print Friendly, PDF & Email
Nunca se debe banalizar ni bajar la guardia con las lesiones de la piel. Hay que concienciar a la población la importancia de observar las manchas lunares o pecas del cuerpo, estar atentos si cambian de color, de forma o tamaño. Detectar a tiempo un cáncer de piel es clave para la curación. En España está aumentado la incidencia de estos tumores, aunque cada vez estamos más concienciados de lo peligroso que resulta tomar el sol sin protección.

El melanoma es el cáncer de piel más agresivo que existe, es el principal responsable de los fallecimientos por cáncer de piel, aunque si se diagnostica de forma precoz la curación es cercana al 100%.

El sol no es malo, es imprescindible para nuestros biorritmos vitales y para el metabolismo de la vitamina D pero la exposición al sol debe ser regular y controlada.

Tomar el sol en exceso y sin protección adecuada puede provocar la aparición de pecas y lunares en el cuerpo, ya que la producción de melanina se dispara para protegernos la piel. La llamada “regla del ABCD” (asimetría, borde, color, diámetro) ayuda a distinguir una peca o lunar de una posible lesión cancerosa.

El daño provocado por las quemaduras solares se va acumulando en las células, por eso se dice que la piel tiene memoria, las quemaduras solares en la etapa infantil o adolescencia pueden desarrollar un cáncer de piel en la edad adulta además de provocar envejecimiento prematuro de la piel. Tanto los rayos UVA (responsables del envejecimiento prematuro de la piel) como el UVB (responsable del bronceado y quemaduras) producen alteraciones en el ADN de las células de la piel. En un primer momento, estos daños pueden repararse, porque nuestras células tienen mecanismos capaces de restaurarlos, pero si el daño es demasiado grande provoca muerte celular, como ocurre después de una quemadura solar: la capa dañada se desprende y es sustituida por una nueva. Sin embargo, algunas células pueden escapar de estos mecanismos de control y sobrevivir con ADN mutado. Esas mutaciones estarán presentes en sus células sucesivas acumulando un gran número de mutaciones. Cuando esto sucede, la piel expresa lesiones y enfermedades. Este crecimiento sin control favorece el cáncer cutáneo, que puede ser de dos tipos: carcinoma (el más frecuente) y melanoma (menos frecuente pero más agresivo).

Consejos para prevenir

  • Tomar el sol con moderación y evitar las horas de mayor radiación, entre las 12y 16h
  • Aplicar fotoprotección antes de la exposición al sol e ir reponiéndolo. No olvidar las zonas como las orejas, nariz, manos o los pies
  • Proteger la cabeza con gorro o sombrero, así como usar gafas de sol homologadas.
  • Evitar cabinas bronceadoras
  • Revisar pecas, lunares o manchas y acudir al dermatólogo en caso de dudas

No debemos olvidar que algunas superficies como la arena, el agua, la nieve o la hierba reflejan la radiación como si fuera un espejo, aumentando así la intensidad de la radiación que recibe nuestra piel

AUTORES

Óscar Sambía Novellón. Enfermero Quirófano.

Ana Belén Mongío Pardo. Enfermera de Especialidades Médicas.

Esmeralda Lobera Salvatierra. Enfermera Urgencia.

Almudena Cañardo Yebra. Enfermera de Especialidades Médicas.

Isabel Torres Jurado. Enfermera de Especialidades Médicas.

Lucía Iglesia Carnicer. Enfermera Especialidades Quirúrgicas.

Montserrat Opla Ascaso. Enfermera de Especialidades Médicas.

Lucía Rivarés Garasa. Enfermera Especialidades Quirúrgicas.

Hospital General San Jorge. Huesca