Priapismo: qué es, cómo reconocerlo y cuándo acudir a urgencias


Guillermo Tirado Rodríguez, Andrea Palacios García, Jaime Antón Pernaute, Elena Román Martinez, Claudia Galdeano Armero, Paula Dobón Chic, Javier Mateo Asensio, Victoria Capapé Poves, Carlos Blanco Chamorro, Benjamín Blasco Beltrán.

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El priapismo es una erección persistente y dolorosa del pene que aparece sin necesidad de estimulación sexual y que no desaparece de forma espontánea. Se trata de una situación poco frecuente pero que constituye una urgencia urológica, ya que, si no se trata a tiempo, puede provocar lesiones irreversibles en el tejido eréctil y derivar en disfunción eréctil permanente. Por este motivo, conocer en qué consiste y cómo actuar resulta fundamental.

Tipos de priapismo

El priapismo puede presentarse en distintas formas. El más habitual y a la vez más grave es el priapismo isquémico o de bajo flujo. En este caso, la sangre queda atrapada dentro de los cuerpos cavernosos del pene sin poder drenar de manera adecuada. Esto provoca un dolor intenso y una rigidez marcada. Si la erección se prolonga más de cuatro horas, el tejido puede sufrir daños irreparables.

El priapismo no isquémico o de alto flujo es mucho menos frecuente y suele estar relacionado con traumatismos en la zona genital o perineal. En este caso la erección no es tan dolorosa ni completamente rígida y, aunque no supone una urgencia inmediata, requiere igualmente valoración médica.

Por último, existe una forma llamada priapismo recurrente o intermitente, caracterizada por episodios repetidos de erecciones prolongadas y dolorosas. Este tipo suele aparecer en personas con enfermedades hematológicas como la anemia de células falciformes.

Diagnóstico y cuándo acudir a urgencias

Una erección dolorosa que dura más de dos horas debe considerarse un signo de alarma y, si se prolonga más de cuatro horas, la atención médica urgente es imprescindible. En la valoración, el urólogo realiza una exploración física y puede solicitar pruebas complementarias como una gasometría del cuerpo cavernoso, que permite distinguir entre el priapismo isquémico y el no isquémico. En determinados casos también puede ser necesaria una ecografía Doppler del pene.

Tratamiento

El tratamiento varía según el tipo de priapismo. En el priapismo isquémico lo más habitual es realizar una aspiración de la sangre retenida en los cuerpos cavernosos y un lavado con suero fisiológico. Si esto no resulta suficiente, se administran fármacos como la fenilefrina, que ayudan a contraer los vasos sanguíneos y facilitan la salida de la sangre atrapada. En los casos más resistentes puede ser necesario recurrir a técnicas quirúrgicas que deriven la sangre hacia otras venas.

En el priapismo no isquémico, muchas veces el cuadro puede resolverse sin intervención inmediata, aunque en algunos pacientes se emplean procedimientos de radiología intervencionista como la embolización selectiva de la arteria lesionada. En cuanto al priapismo recurrente, la estrategia se orienta hacia la prevención y el control de la enfermedad de base, utilizando en ocasiones fármacos hormonales o antiandrógenos.

Pronóstico

El pronóstico está directamente relacionado con la rapidez del diagnóstico y del inicio del tratamiento. En el priapismo isquémico, cuando la erección se mantiene más de 24 horas, el riesgo de desarrollar disfunción eréctil permanente es muy elevado. En cambio, si se actúa de forma precoz, la mayoría de los pacientes puede conservar una función eréctil adecuada. La clave, por tanto, está en no demorar la consulta y acudir a urgencias ante cualquier episodio de erección prolongada y dolorosa.

AUTORES:

Guillermo Tirado Rodríguez, Andrea Palacios García, Jaime Antón Pernaute, Elena Román Martinez, Claudia Galdeano Armero, Paula Dobón Chic, Javier Mateo Asensio. Médicos Internos Residentes.

Victoria Capapé Poves, Carlos Blanco Chamorro. Médicos Adjuntos.

Benjamín Blasco Beltrán. Jefe de Servicio.

Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.