Llega el buen tiempo y el verano, y los niños pasan más tiempo jugando al aire libre, montando en bici, patinete o corriendo en parques y piscinas. Todo esto es fantástico… pero también hace que aumenten las caídas y, con ellas, los traumatismos craneales.
La magnitud de estos traumatismos es muy variable. La mayoría de los que se atienden en los servicios de urgencias son leves, con exploración neurológica normal y sin evidencia de fractura de cráneo.
En ocasiones ocurre una conmoción cerebral transitoria tras el traumatismo, en la que no existe una lesión cerebral reconocible pero el niño presenta síntomas como confusión, vómitos, mareo o dolor de cabeza durante unas horas tras el traumatismo, con recuperación total posterior. Por último, aunque menos frecuente, se pueden producir lesiones intracraneales más graves, las cuales condicionan una alta morbimortalidad y la aparición de secuelas a largo plazo, asociadas o no a fracturas craneales.
A menor edad del paciente, mayor riesgo de fractura craneal o lesión intracraneal secundarias a un traumatismo craneal. Esto se debe a que el niño pequeño presenta una musculatura cervical más débil, con una superficie craneal que en proporción al resto del cuerpo es mayor en pequeños comparado con niños más mayores, sumado a un hueso craneal más fino en los niños más pequeños. Es por ello que especialmente en menores de 1-2 años hay que extremar precauciones y evitar caídas accidentales.
Prevenir con medidas sencillas
La buena noticia es que muchos de estos accidentes se pueden prevenir con medidas sencillas. El uso de casco en bici o patinete es fundamental y varios estudios han demostrado la reducción significativa de lesiones importantes al reducir el impacto directo sobre el cráneo, absorbiendo la energía del golpe. También es clave mantener una buena supervisión, especialmente en parques, piscinas o zonas con alturas, sin olvidar que nunca se debería dejar a un menor en una altura (como un cambiador) sin supervisión o sostén porque el riesgo de caída es alto. A veces, pequeños gestos marcan una gran diferencia.
Signos que nos deben de poner en alerta
Si su hijo se da un golpe en la cabeza, lo más importante es mantener la calma y observarlo. La mayoría de las veces no será nada grave, pero hay ciertos signos que nos deben poner en alerta.
Se debe acudir a un servicio médico si presenta:
• Pérdida de conocimiento.
• Vomita varias veces después del golpe.
• Tiene un dolor de cabeza intenso o que va a más.
• Está más dormido de lo habitual, le cuesta despertarse o lo notas “apagado”.
• Se muestra desorientado, confuso o se comporta de forma diferente a lo normal.
• Presenta movimientos extraños o convulsiones.
• Tiene dificultad para caminar, hablar o mover alguna parte del cuerpo.
• En los más pequeños, los signos pueden ser más sutiles: irritabilidad persistente, llanto inconsolable o rechazo de la alimentación también son motivos para consultar.
Si no aparece ninguno de estos signos, se puede observar en casa durante las siguientes 24-48 horas, asegurándose que está activo, responde con normalidad y evoluciona bien sin presentar ninguno de estos datos de alarma. Pasado ese tiempo del traumatismo, el riesgo de complicaciones disminuye progresivamente.
El verano está para disfrutarlo. Con prevención y sabiendo en qué fijarse, podemos convertir los sustos en tranquilidad y seguridad para toda la familia.
AUTORES:
Isabel Gordo Baztán y María Erroz Ferrer. FEA Servicio Pediatría, Hospital Universitario de Navarra.


