Soledad no deseada: el nuevo reto para la sociedad


Sonia Matarranz Ripodas, Miriam Royo Álvarez, Marina Beroiz Salaverri, Iker Lopez Alforja.

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La soledad no deseada es un problema silencioso que afecta cada vez a más personas. Supone una fuente de sufrimiento para las personas y limita su derecho de participación en la sociedad; tiene consecuencias negativas para la salud y el bienestar y en consecuencia conlleva unos costes sociales y económicos muy importantes.

No se trata solo de vivir solo, sino de sentirse desconectado, sin apoyo emocional o sin relaciones significativas. Puede afectar a cualquier persona, pero es más frecuente en mayores, cuidadores, personas con enfermedades crónicas o situaciones de vulnerabilidad social.

En España se estima que el 20% de las personas sufren soledad no deseada. Los jóvenes son los que más soledad no deseada sienten, en torno a un 25.5%. En los siguientes tramos de edad, la soledad no deseada va descendiendo progresivamente, y vuelve a subir en las personas de 75 años y más.

Es importante diferenciar entre la soledad y el aislamiento social:

  • El aislamiento social es la falta sustancial de contactos sociales y puede medirse de manera objetiva
  • La soledad no deseada es un sentimiento subjetivo, de no tener la cantidad y/o calidad deseada de relaciones sociales.

Causas

Las causas de la soledad vienen determinadas por diversos factores individuales, culturales y sociales como pueden ser:

  • Vivir solo/a. Las personas que viven solas tienen mayor riesgo de sentirse solas que las personas que conviven con otras.
  • Eventos vitales, como la pérdida de un ser querido o una separación pueden alterar las relaciones cotidianas de una persona.
  • La edad es un factor de riesgo relevante para la soledad. Las personas mayores tienen una incidencia de la soledad no deseada mayor.
  • La discapacidad. La incidencia de la soledad no deseada es superior a la de la población en general.
  • La salud. Las personas con mala salud tienen más probabilidad de sentirse solas o socialmente aisladas.

La soledad influye en el bienestar emocional, la satisfacción de las necesidades vitales, en la relación con el entorno, en el acceso a los bienes y servicios, en la seguridad y en la calidad de vida en general. Aumenta el riesgo de depresión, ansiedad e insomnio y se asocia a un mayor deterioro cognitivo y funcional. A pesar de ello, muchas veces pasa desapercibida porque no siempre se expresa con palabras.

También supone costes a nivel social, favorece un mayor uso de los servicios de salud y sociosanitarios y supone un aumento del consumo de medicamentos.

Combatir la soledad requiere una respuesta colectiva. Fomentar la participación en actividades comunitarias ayuda a reforzar los lazos sociales. Las visitas domiciliarias, el voluntariado y las redes vecinales también son herramientas muy útiles. La empatía y el compromiso social son esenciales para construir comunidades más humanas y solidarias. Prevenir la soledad no deseada es invertir en salud y bienestar colectivo.

AUTORES:

  • Sonia Matarranz Ripodas. Enfermera Especialista Familiar y Comunitaria. ISPLN.
  • Miriam Royo Álvarez. F.E.A. de Medicina Intensiva. Hospital Universitario Royo Villanova, Zaragoza.
  • Marina Beroiz Salaverri. Técnico de Laboratorio. Hospital de Navarra. Pamplona.
  • Iker López Alforja. Óptico-optometrista. Óptica.