Hepatitis B: cómo interpretar sus resultados


Marina Beroiz Salaverri. Técnico de laboratorio en el Hospital Universitario de Navarra. Ainara Baines García. Médica adjunta de Aparato digestivo en el Hospital Reina Sofía. Tudela. Sara Martínez Iturri. Técnica de laboratorio en el Hospital Universitario de Navarra

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La hepatitis B es una infección vírica que afecta principalmente al hígado. Es un virus más importante de lo que solemos imaginar: puede sobrevivir hasta una semana fuera del cuerpo humano y es unas 100 veces más contagioso que el VIH. La mayoría de los casos nuevos se dan por transmisión sexual o por compartir material sanitario sin esterilizar.

También puede transmitirse de madre a hijo durante el parto, aunque este riesgo se ha reducido gracias al cribado en el embarazo y la inmunoprofilaxis neonatal.
Una vez contraída la infección, existen dos escenarios principales. Lo más habitual es desarrollar una hepatitis aguda que, en la mayoría de adultos sanos, se resuelve sola. En estos casos, similar a lo que ocurre con el virus del herpes zóster, el virus queda latente (“dormido”) en las células del hígado, pudiendo reactivarse en situaciones en las que el sistema inmune se vea comprometido.
Por otro lado, en un pequeño porcentaje de casos la infección se vuelve crónica, pudiendo derivar en cirrosis y cáncer hepático.
En España se estima que alrededor del 0,2-0,5% de la población es portadora crónica del virus, siendo la probabilidad de cronicidad mucho mayor si se adquiere durante el parto.
Respecto al diagnóstico, la hepatitis B se detecta con un análisis de sangre. No obstante, su interpretación no es fácil, ya que se compone de una lista de siglas complejas que intentaremos explicar. Los principales marcadores son:
HBsAg: antígeno de superficie. Indica infección activa, que puede ser aguda, o crónica si lleva más de seis meses positivo.
• Anti-HBs: anticuerpos contra el antígeno de superficie. Su positividad indica que existen defensas frente al virus. Éstas pueden deberse a una infección pasada, o ser secundaria a la vacunación. Necesitaremos el resto de marcadores para interpretarlo.
Anti-HBc total: anticuerpos contra el core. Refleja que la persona ha tenido contacto con el virus. No aparecen tras la vacunación, por lo que son claves para diferenciar ambas situaciones.
• HBeAg: antígeno E. Indica alta replicación viral. Está presente en fases activas de la enfermedad.
• Anti-HBe: anticuerpos contra el antígeno E. Aparecen cuando se controla la replicación viral, en una fase más inactiva de la enfermedad.

¿Cómo interpretar una serología de hepatitis B?

• Anti-HBs + aislado: inmunidad por vacunación, no hay infección previa ni actual. Es la situación más común y no debe causar preocupación.
• Anti-HBc + con HBsAg +: infección en curso. Según la carga viral y los datos de daño hepático puede precisar tratamiento o seguimiento estrecho.
• Anti-HBc + con HBsAg –: infección pasada. El sistema inmune ha conseguido controlar el virus, aunque éste queda latente en las células del hígado. Hay que comunicarlo en caso de que se vayan a precisar tratamientos que afecten al sistema inmune, como quimioterapias o inmunoterapias, que pueden reactivar el virus.
Afortunadamente, la hepatitis B tiene una vacuna segura, eficaz y gratuita en el sistema sanitario español. Está incluida en el calendario infantil y también se recomienda a grupos de riesgo como sanitarios, personas con múltiples parejas sexuales, usuarios de drogas inyectables, etc.
En conclusión, la hepatitis B es una infección potencialmente grave pero prevenible, y conocer cómo interpretar sus análisis es importante para la comprensión informada de la población.

AUTORES:

Marina Beroiz Salaverri. Técnico de laboratorio en el Hospital Universitario de Navarra.
Ainara Baines García. Médica adjunta de Aparato digestivo en el Hospital Reina Sofía. Tudela.
Sara Martínez Iturri. Técnica de laboratorio en el Hospital Universitario de Navarra.