Introducción
En la práctica clínica, cada vez más, llegan a consultas personas en la edad adulta con demandas relacionadas con síntomas de ansiedad, depresión, fracaso laboral, insatisfacción vital… sin un diagnóstico psiquiátrico claro que los explique completamente, y cuando indagamos más en la historia de estas personas, descubrimos que puede haber un núcleo común: el haberse sentido incomprendidas durante toda su vida. Otras muchas personas están llegando o van a ir llegando cada vez más con la “teoría de soy neurodivergente”, una frase que refleja tanto la búsqueda de sentido a su experiencia como la creciente presencia pública del concepto de neurodivergencia.
El concepto de neurodivergencia se refiere a las personas cuyo funcionamiento neurocognitivo se desvía del estándar estadístico o normativo. Incluye condiciones como el Trastorno del Espectro Autista (TEA), el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH), dislexia, discalculia, dispraxia, el síndrome de Tourette, entre otras.
Propone que estas diferencias son formas alternativas de procesamiento y percepción. Sin embargo, estas condiciones pueden generar desajustes funcionales significativos cuando el entorno no está adaptado.
El término “neurodivergente” no es una categoría diagnóstica reconocida en las clasificaciones oficiales (DSM-5, CIE-11) por sí sola. Esto genera una paradoja epistemológica: el concepto tiene poder político, social y cultural — promueve la inclusión y la valorización de la diversidad —, pero su estatus como “objeto clínico” no está formalmente establecido.
Historia
El concepto de neurodiversidad fue introducido en 1998 por la socióloga australiana Judy Singer, quien ya entonces se había autodiagnosticado a sí misma como autista.
Su objetivo en ese momento era visibilizar la diversidad cognitiva y cuestionar la tendencia de la medicina y la psiquiatría a patologizar cualquier diferencia neurológica.
Inspirándose en el modelo social de la discapacidad, Singer sostenía que las diferencias no son defectos intrínsecos, sino que adquieren sentido en relación con los entornos sociales que las aceptan o limitan.
Su experiencia personal como autista otorgó fuerza y legitimidad a su propuesta, sentando las bases del movimiento contemporáneo de la neurodiversidad.
¿Qué características se dan generalmente en las personas con neurodivergencia?
- Hiperfoco: pueden experimentar períodos de concentración intensa cuando una tarea es altamente motivadora o relevante para sus intereses. Cuando algo les gusta o activa su sistema de recompensa, pueden olvidarse de comer, tomar agua o ir al baño. Ese foco bien administrado es un don. El problema es que cuesta entrar y salir de él. Cuando alguien interrumpe, no es solo un minuto: es sacar a la persona de ese túnel de concentración. Este fenómeno puede llevar a descuidar necesidades básicas o ignorar señales interpersonales, lo que tiene implicaciones clínicas en educación, trabajo o terapias.
- Hiperexcitabilidad / activación: es un cerebro hiperexcitable, con pensamiento arborescente. Se asocian ideas, se hacen conexiones que parecen irse por las ramas, pero finalmente se integran. Es un cerebro “en llamas”, muy creativo, especialmente cuando algo le interesa. Cuando no interesa, el clic aparece bajo presión. Por eso muchas personas neurodivergentes funcionan bien a última hora, bajo estrés. Es cuando se activa el hiperfoco y el sistema de recompensa.
- Monotropismo: se refiere a la tendencia a enfocar la atención de manera profunda en un solo tema o tarea, a menudo con dificultades para alternar rápidamente entre tareas sin apoyo contextual o señales externas claras. Por eso es tan importante, en lo educacional y en la conversación, marcar claramente de qué estamos hablando, cerrar un tema y luego pasar al otro.
- Funcionamiento basado en intereses: es un cerebro que funciona por intereses. Cuando algo les gusta, aparece un extra de energía; cuando no les gusta, les cuesta enormemente, aunque sea algo simple. Ahí el acompañamiento es clave. Muchas veces no se trata de forzar debilidades, sino de potenciar fortalezas y entregar apoyos básicos en las áreas más difíciles.
- Pensamiento visual: es el lenguaje nativo de los procesamientos neurodivergentes. No es que no puedan comprender lo verbal, pero lo visual es más potente. Por eso funcionan tan bien las agendas visuales, los calendarios, los anticipadores y las rutinas…
- Tolerancia al disconfort: la literatura y la práctica clínica sugieren que personas neurodivergentes pueden usar una proporción mayor de recursos cognitivos y emocionales para adaptar su comportamiento a entornos no adaptados, lo cual se asocia con fatiga, irritabilidad y malestar emocional si no se proporcionan ajustes razonables.
Es como subir un monte con una mochila de veinte kilos: antes se cansan, se irritan y necesitan pausas. Esa mochila son los recursos que destinan a regularse y, muchas veces, al camuflaje.
- Disforia sensible al rechazo: cuando se equivocan, no lo viven como un error aislado, sino como una confirmación de fracaso personal. Esto daña la autoestima y activa vivencias previas. Por eso es tan importante acompañar el error, ofrecer soluciones y planes, no solo críticas, para que la persona pueda aprender de la experiencia.
Evidencia sobre neurodivergencia en contextos clínicos
Estudios recientes muestran que la prevalencia de condiciones neurodivergentes puede ser alta en poblaciones clínicas complejas. Por ejemplo, en una cohorte de hombres en un hospital psiquiátrico de alta seguridad, más del 58 % tenía al menos una condición neurodivergente, y casi un tercio tenía más de una.
Además, la literatura emergente en salud mental indica que las personas neurodivergentes presentan perfiles emocionales y de bienestar que pueden diferir significativamente de los neurotípicos, con patrones de activación emocional y necesidades afectivas particulares que requieren atención especializada.
Estos datos sugieren que, en población psiquiátrica adulta, la presencia de características neurodivergentes es frecuente y puede estar subidentificada si no se exploran específicamente durante la evaluación clínica.
Implicaciones para la práctica clínica
Para el profesional sanitario, integrar el concepto de neurodivergencia en la evaluación y el tratamiento puede tener varias ventajas:
- Facilita una evaluación más contextualizada de los síntomas de ansiedad, depresión o malestar funcional.
- Permite diferenciar déficits atribuibles a trastornos psiquiátricos clásicos de estilos de procesamiento neurológico divergente.
- Ayuda a planificar intervenciones centradas en fortalezas y apoyos ambientales, no solo farmacológicos.
- Reduce el riesgo de diagnósticos erróneos o reduccionistas que no reflejan la experiencia subjetiva del paciente.
AUTORES:
María Guiral Guerrero. Médico Residente de Psiquiatría. Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
Alba Herranz García. Médico Residente de Psiquiatría. Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
Enrique Ramos Laguna. Médico Residente de Urología. Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.


