Alergia a la proteina transportadora de lípidos (LTP)

Patricia Lambea Leonar. Nº colegiada: ARA00089

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La alergia alimentaria es una patología que ha aumentado su diagnóstico en las últimas décadas. Su prevalencia es del 7-9% en niños y el 3% en adultos. La alergia siempre conlleva una respuesta de nuestro sistema immune, concretamente en las alergias alimentarias nuestro cuerpo reacciona ante proteínas que el cuerpo considera nocivas y las ataca como si fueran virus o bacterias.

Las LTP están presentes en el reino vegetal y su función principal es de defensa. Por esta razón se encuentran en la capa más exterior de los vegetales, hojas, piel y cáscara. Se caracterizan por su resistencia a la pepsina y su termoestabilidad. Por ello, pueden producir síntomas por ingestión de alimentos que las contengan, incluso si llevan tratamiento térmico.

La alergia a LTPs es común dado la gran variedad de alimentos que la pueden producir. El alérgeno principal del melocotón, LTP Pru P3, se considera el prototipo de proteína en esta familia de alérgenos debido a que el resto de LTPs presentarían similitud del 45-90% con ella y por tanto, esta similitud estructural provoca el riesgo principal de esta alergia dada la reactividad cruzada entre muchos alimentos. Además, se ha observado sensibilidad cruzada debido a la presencia de LTP en pólenes (ambrosía, artemisia, parietaria, olivo o plátano de sombra), aumenta la incidencia en el Sur de Europa por lo que se asocia con el patron dietético mediterráneo. También puede producir sensibilidad cruzada con el latex (Hevea brasiliensis).

Los alimentos que más incidencia producen son:
• Frutas: melocotón, albaricoque, kiwi, ciruela, manzana, fresa, pera, uva, limón, naranja, mandarina, plátano, frambuesa, mora y granada.
• Hortalizas: coliflor, col, brócoli, lechuga, espárrago, tomate, nabo y apio.
• Cereales: maíz, trigo y cebada.
• Frutos secos y semillas: castañas, nueces, avellanas, almendras, pipas de girasol y mostaza.
• Legumbres: cacahuete, lentejas, habas, judías blancas
El diagnóstico suele ser mediante pruebas cutáneas, técnica de Prick, y prueba sanguínea haciendo serología de los posibles alimentos que dan alergia.
Hay que tener en cuenta, la reactividad cruzada entre las LTPs con pólenes se producen falsos positivos por lo que puede ser necesaria una prueba de exposición con el alimento en condiciones controladas. Existe una nueva técnica de diagnóstico (microarray ISAC), que permite analizar moléculas específicas cuando aparecen alérgenos diferentes.
Las manifestaciones clínicas suelen aparecer a la hora de ingerir el alimento. Normalmente son cuadros localizados a nivel orofaríngeo (síndrome de alergia oral), problemas gastrointestinales (vómitos, diarreas), problemas cutaneos (irritabilidad) y problemas respiratorios (conjuntivitis o asma). También puede presentarse un cuadro generalizado como urticaria, purito del sistema respiratorio y/o digestivo, hinchazón de la glotis y anafilaxia.
Existen cofactores como el ejercicio, AINES, alcohol o situaciones hormonales (embarazo o menstruación) que pueden favorecer la manifestación clínica. Estas situaciones que si se producen durante o precedida de la ingesta del alimento alergénico, pueden desencadenar los síntomas.
El tratamiento suele ser dieta de exclusión de los alimentos que hayan hecho reacción o que pertenecen a la misma familia, no deben de eliminarse todos los alimentos que llevan LTPs, se pautará en función del grado de tolerancia individual. En algunos casos, pautado por el alergólogo, es recomendable llevar la medicación de rescate, adrenalina precargada por si sucediera un episodio fuerte de alergia. Se están estudiando tratamientos de inmunoterapia con polénes y vacuna sublingual para alergia al melocotón pero no hay resultados concluyentes. Es importante una vez diagnosticado los alimentos de exclusión, que el dietista-nutricionista planifique una dieta equilibrada y variada en función al diagnóstico del alergólogo para evitar carencias nutricionales.