¿Cómo influye la espasticidad en el manejo diario de los pacientes con enfermedades neurológicas?


Rebeca Fernández Tobía. Terapeuta ocupacional. Clínica Ubarmin. Nerea Latasa Barberena. Fisioterapeuta. Clínica Ubarmin. Alicia Checa Hernández. Terapeuta ocupacional COCEMFE

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La espasticidad es un trastorno motor caracterizado por un aumento dependiente de la velocidad de los reflejos tónicos de estiramiento (tono muscular), con reflejos osteotendinosos exagerados, que resulta de la hiperexcitabilidad del reflejo de estiramiento y es uno de los componentes del síndrome de la motoneurona superior.

La espasticidad ocurre en torno a un 20-30% de los pacientes que han sufrido un ictus, un 60-78% de los lesionados medulares (LM) y en un 13-20% de los que han sufrido un traumatismo craneoencefálico (TCE).
La espasticidad constituye un gran problema de sanidad en la actualidad. Existe una incidencia de 300.000-400.000 personas afectadas de espasticidad en España. La espasticidad afecta a las personas en diferente grado, dependiendo localización de la lesión, enfermedad, edad…

Tratamiento

El tratamiento de la misma, se centra en el estiramiento muscular mediante fisioterapia, técnicas de ergonomía postural, elaboración de férulas, tratamiento farmacológico mediante tratamientos orales como el baclofeno o la tiazina (con efectos secundarios generalmente asociados), o la infiltración de toxina botulínica tipo A (que aunque ha demostrado eficacia significativa, supone un incremento del coste y presenta un efecto temporal) , y técnicas como la DNHS®, cinesiterapia, hidroterapia, electroterapia, vibroterapia, termoterapia, crioterapia. Además, en última instancia, se realizan en ocasiones técnicas quirúrgicas como inyecciones locales con fenol, rizotomía posterior selectiva, neurotomía y Tenotomías, transferencias tendinosas y alargamientos tendinosos. Por este motivo, el manejo de la espasticidad supone un reto diario en la neurorrehabilitación de los pacientes.

Figura 1. Los tres mecanismos de incapacidad motora tras una alteración motora en la ejecución central del comando motor: paresia, contractura de tejidos blandos e hiperactividad muscular. La lesión inicial del SNC causa inmediatamente paresia. Esto conduce a un daño adicional al sistema nervioso y a los tejidos blandos: la inmovilización de los miembros paréticos inducida por el “medio”, produce una contractura de los tejidos blandos que comienza de manera intensa tras el inicio de la inmovilización; además el desuso por parte de la propia persona causa disfunción más tarde sobre el comando motor.
La hiperactividad muscular, tercer mecanismo de incapacidad motora en pacientes con paresia causada por una lesión central, es causada por una reorganización espinal y supraespinal progresiva.

La escala de Ashworth

Según la evidencia científica, existen diferentes escalas que pueden cuantificar la espasticidad, pero ninguna de ellas está dotada de una clara objetividad. En la actualidad, la escala de Ashworth, destaca por ser uno de los instrumentos más utilizado para evaluar la espasticidad muscular y resulta una herramienta altamente empleada en el campo de la medicina y la neurorrehabilitación.
Nos planteamos la necesidad de un abordaje adecuado y necesario sobre este tema ya que es algo que afecta a numerosas personas, y si no existe un procedimiento adecuado puede ocasionar una gran discapacidad. Existe una encuesta a nivel internacional en la que se realizan preguntas acerca del impacto de la espasticidad en diferentes áreas como la calidad de vida, autonomía y estado anímico; y sobre la información que el personal sanitario comparte a cerca de la espasticidad; así como el tipo de tratamiento que reciben estas personas.
En la cual se objetiva la discapacidad que produce en el desempeño de las actividades cotidianas como caminar, transferencias, vestirse, alimentarse o realizar actividades de aseo.
Esto es algo que podemos ver a diario en personas que han sufrido daño cerebral.
Es una cuestión importante a tener en cuenta a la hora de plantearse diferentes tipos de tratamientos para hacer frente a este problema que sufren muchas personas en nuestro país. Pero no existe un compendio sobre cuál es la técnica más eficaz a largo plazo.

Conclusión

La espasticidad es una complicación frecuente tras una lesión del sistema nervioso central. Esta afecta a la funcionalidad y calidad de vida de los pacientes, dificulta la realización de AVD, contribuye al aumento de la dependencia.

Pese a la existencia de múltiples herramientas de evaluación y abordajes terapéuticos, no existe aún un consenso claro sobre el tratamiento más eficaz y duradero. La heterogeneidad en la presentación clínica de la espasticidad dificulta el establecimiento de protocolos para el tratamiento de la misma.

Sólo a través de una intervención multidisciplinar centrada en el paciente será posible mejorar su autonomía, reducir el grado de discapacidad y optimizar los resultados funcionales a largo plazo (Gómez-Soriano J, Cano-de-laCuerda R, Muñoz-Hellín E, OrtizGutiérrez R, Taylor JS. Valoración y cuantificación de la espasticidad: revisión de los métodos clínicos, biomecánicos y neurofisiológicos. Rev Neurol 2012; 55: 217-26).

AUTORAS

Rebeca Fernández Tobía. Terapeuta ocupacional. Clínica Ubarmin.
Nerea Latasa Barberena. Fisioterapeuta. Clínica Ubarmin.
Alicia Checa Hernández. Terapeuta ocupacional COCEMFE