¿Cuándo un niño o niña es superdotado?

Andrés Jiménez Abad . Catedrático de Filosofía de IES y pedagogo. Director del Servicio de Igualdad de Oportunidades, Participación Educativa y Atención al Profesorado Departamento de Educación del Gobierno de Navarra

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Es muy frecuente que padres y abuelos hablen maravillas de lo listos que son sus hijos o nietos en desarrollo. Y ciertamente sorprende la rapidez y la notoriedad con la que evolucionan en general los niños pequeños en las primeras etapas de la infancia, especialmente cuando aparece el lenguaje verbal.

Pero hay además algunos casos en los que pasa algo más. Ciertos niños y niñas, en edades bien tempranas, llaman especialmente la atención: Suelen ser lectores precoces, muestran un gran interés por algunos campos, tienen una gran persistencia en la tarea y durante mucho tiempo están dedicados a ella sin cambiar de actividad, hacen preguntas sorprendentes y creativas para su edad, tienen un lenguaje muy elaborado cuando son muy pequeños y saben muchas cosas que nadie le ha enseñado de forma especifica porque aprenden en todos los lugares. Relacionan por sí mismos datos y fenómenos aparentemente inconexos, y aventuran explicaciones originales y audaces, sin que nadie se lo haya planteado.

Ciertos niños y niñas abstraen y deducen con facilidad, avanzan rápidamente en su proceso de aprendizaje… pero a menudo también se aburren en clase porque el ritmo de aprendizaje de sus compañeros es más lento; e incluso tienen dificultades de relación con profesores y alumnos, ya que los intereses de éstos les parecen demasiado elementales; o se producen situaciones de frustración y desmotivación. Y así, lo que parecería de antemano una ventaja para el lograr el éxito escolar, puede convertirse, paradójicamente, en ocasión de dificultades.

A vueltas con los términos

Ciertos hábitos mentales de procesamiento de información, relación de datos, aparición de ideas nuevas, etc., tienen que ver con la rapidez y la riqueza de conexiones neuronales en el cerebro de una persona. Esto tiene sin duda un componente innato, pero también tiene mucho que ver con la práctica y el ejercicio. Un ‘talento’ que no se ejercita, acaba por decrecer.

Aunque no faltan los debates entre especialistas, los principales expertos tienden a considerar los talentos y potencialidades como algo educable y emergente, y no como algo fijo, innato y permanente. Se diferencia además entre “capacidades” y “talentos”: la capacidad se entiende como potencial, y el talento como un rendimiento más o menos efectivo, de modo que el talento es el resultado de aplicar el esfuerzo personal, la voluntad y la actividad continuada sobre el potencial de inicio.

La actual legislación habla más bien de “altas capacidades intelectuales”, lo que no incluye sólo el concepto de sobredotación intelectual, sino que reclama la atención también sobre los talentosos, los niños precoces y todo aquel alumnado que muestra habitualmente conductas propias de los alumnos bien dotados. Existen diferentes términos que se utilizan de forma más o menos análoga, aunque con matices diferenciadores.

Precocidad

En la etapa infantil existe alumnado que presenta un desarrollo evolutivo más rápido en diferentes ámbitos (desarrollo motor, lenguaje, aprendizajes escolares) que el resto de compañeros de su edad. Sin embargo, no todos los alumnos que presentan un desarrollo precoz serán, en un futuro, alumnos con altas capacidades. Aquí puede estar influyendo tanto el potencial del niño como la estimulación temprana recibida. Algunos de ellos se igualarán al resto de sus compañeros a lo largo de la etapa primaria.

Por tanto, al llevar a cabo un proceso de evaluación hace falta ser prudentes en la emisión del diagnóstico, sobretodo en la etapa infantil y el primer ciclo de primaria. Será a partir de los 7 u 8 años cuando se pueda establecer con más precisión un diagnóstico diferencial entre una precocidad y un alumno que realmente presenta altas capacidades. Sin embargo, esto no quiere decir que no haya que detectar necesidades e intervenir lo antes posible.

Talento

Suele entenderse como alumno telentoso aquel que presenta aptitudes específicas desarrolladas en algunas áreas (música, matemáticas, pintura, etc.) Pero, a diferencia del alumno con sobredotación intelectual, éste no presenta un alto rendimiento en todas las áreas sino sólo en algunas de ellas normalmente. Aquí se abre una rica conexión con el tema de las llamadas “inteligencias múltiples”.

Altas capacidades intelectuales

La alta capacidad intelectual es un requisito para que un alumno pueda ser considerado como superdotado. Sin embargo, para hablar de sobredotación intelectual, debe tenerse en cuenta además un alto nivel de creatividad y un nivel alto de persistencia y motivación hacia la tarea. Insistimos no obstante en que se consideran más pertinentes los conceptos de “alta capacidad” y “talento”.

El alumnado con altas capacidades intelectuales presenta las siguientes características:

  • Obtienen en pruebas individuales de inteligencia puntuaciones significativamente por encima de la media (por lo menos dos desviaciones típicas).
  • Presentan diferencias cognitivas cuantitativas en relación a las personas de su misma edad y condición: son más rápidos procesando la información, aprenden antes, tiene una alta memoria, mayor facilidad para automatizar las destrezas y procedimientos mecánicos (lectura, escritura, cálculo…).
  • Presentan diferencias cognitivas cualitativas en relación a las personas de su misma edad y condición: conectan e interrelacionan conceptos. Poseen y construyen esquemas complejos y organizados de conocimiento, muestran más eficacia en el empleo de procesos metacognitivos.
  • Desarrollo madurativo precoz y elevado en habilidades perceptivo-motrices, atencionales, comunicativas y lingüísticas.
  • Obtienen en pruebas de creatividad puntuaciones significativamente más elevadas que la media. Abordan los problemas y conflictos desde diversos puntos de vista aportando gran fluidez de ideas, originalidad en las soluciones, alta elaboración de sus producciones y flexibilidad a la hora de elegir procedimientos o mostrar opiniones y valorar las ajenas.
  • Suelen mostrar un elevado interés hacia contenidos de aprendizaje de carácter erudito, técnico o social. Dedican esfuerzos prolongados y mantenidos en asimilarlos y profundizar en ellos llegando a especializarse en algún tema de su interés.
  • Tienden a responsabilizarse del propio éxito o fracaso. Muestran independencia y confianza en sus posibilidades.
  • Con frecuencia muestran gran interés por la organización y manejo de los grupos de trabajo y manifiestan tendencia al liderazgo.

Dentro de este marco, es conveniente llevar a cabo un proceso de detección del alumnado con altas capacidades intelectuales, y de evaluación psicopedagógica que permita una identificación de las necesidades educativas prioritarias, estableciendo los puntos fuertes a reforzar y los puntos débiles, en relación con su potencialidad, que deberían desarrollarse.

El papel de la familia

Los padres suelen detectar bastante pronto cuando su hijo o hija presenta unas capacidades y habilidades superiores a las que le correspondería por su edad. Las reacciones suelen ser diversas: preocupación, orgullo, presión excesiva sobre el niño, demandas constantes al centro escolar, búsqueda de información sobre el tema, inquietud, expectativas de triunfo, dudas en cuanto a las pautas educativas…

Es importante que los padres contrasten desde el principio sus impresiones con el centro escolar y que estén informados de los diversos procesos de detección, evaluación y posibles medidas educativas.

Los profesionales y la institución escolar deberán poner todo el interés y medios a su alcance para tranquilizar, asesorar y apoyar a la familia en el desarrollo armónico de todas las capacidades del niño o la niña.

La actuación de la familia debería priorizar algunos aspectos fundamentales:

  • Potenciar los intereses personales del niño o niña sin perder de vista el desarrollo equilibrado de todas las capacidades.
  • Fomentar su participación en actividades diversas (educativas, deportivas, lúdicas…) sin agobiarle de forma que apenas tenga tiempo libre.
  • Adecuar con prudencia el nivel de exigencia familiar a las posibilidades del niño.
  • Fomentar su autonomía intelectual, tratando de que poco a poco sea capaz de saber a dónde acudir para satisfacer su curiosidad e interés.
  • Fomentar su autoestima, y evitar que se considere “raro/a” o “superior”, evitar “etiquetar”, no crear ni creerse expectativas imposibles.
  • Ayudar al hijo o hija a lograr una imagen positiva de sí mismo y fomentar un adecuado nivel de relaciones con sus iguales. Procurar que se relacione con niños de su edad y que tenga amigos.
  • Tener presente que sobre todo son niños con necesidades propias de su edad, aunque en algunos aspectos muestren capacidades de personas adultas.
  • Mantener una buena relación con el centro escolar, con el fin de crear un adecuado marco de colaboración. Es importante que familia y escuela mantengan una buena relación, de forma que se compartan los planteamientos y el alumno perciba coherencia entre los dos ámbitos.