Cuidados básicos de la tercera edad

Dra. Marien Navarro Elizondo. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria

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Debemos cuidar de nuestros mayores como ellos en su día cuidaron de nosotros. Suele haber un cuidador principal, el que pasa más tiempo con la persona y se ocupa de su cuidado integral. Este cuidador es el encargado de cubrir todas las esferas del anciano, a nivel psíquico, físico y social.

Físico

• Le ayudaremos o realizaremos la higiene personal.
• Administraremos la medicación o llevaremos su control.
• Controlaremos su alimentación y su hidratación.
• Vigilaremos cualquier alteración en su piel, uñas, ojos, etc…
• Prestaremos ayuda en su movilidad, tanto en desplazamientos como en trasferencias o cambios posturales.
• Llevaremos a cabo todo esto, siempre teniendo en cuenta que hay que dar a la persona la mayor autonomía posible.

Psíquico

• Vigilaremos los cambios que pueda sufrir, en cuanto a su nivel de conciencia.
• Estaremos pendientes del estado de ánimo.
• Observaremos las alteraciones del sueño.

Social

• Le incentivaremos para que realice sus actividades diarias.
• Intentaremos que esté orientado en el tiempo, que sepa la fecha: día que es, estación del año y festividades.
• Haremos que ejercite su memoria, sobre todo la memoria reciente.

Prevención de riesgos 

Dentro de la población de la tercera edad hay distintos riesgos de sufrir accidentes y dependerán, fundamentalmente, de la situación de cada persona tanto a nivel físico como psíquico. Lo que aparece con mayor frecuencia en esas edades son las caídas y éstas son las responsables, en muchos casos, de la pérdida de su autonomía.

Factores que influyen en las caídas

• La pérdida del control del equilibrio
• Dificultad en la movilidad
• Problemas en la visión
• Características de los domicilios.
• Calzado inapropiado.

Cómo intentar evitar las caídas

• Adaptando el cuarto de baño, colocando alfombrillas antideslizantes dentro y fuera de la ducha o bañera, colocando agarraderas para entrar y salir de la bañera y para sentarse y levantarse del inodoro.
• Mantener los suelos secos cuando se desplace por el domicilio para evitar resbalones, sobre todo en cocina y cuarto de baño.
• Que utilice un calzado adecuado, que sea cerrado para que le sujete el pie y con suela de goma o antideslizante.
• Cuando baje o suba escaleras, que vaya agarrado al pasamanos.
• Intentar dejarle los utensilios que necesite a mano para que no utilice taburetes o escaleras.
• Que el domicilio no tenga obstáculos con los que pueda tropezar.
• Durante la noche, dejar iluminación suficiente para que vea si tiene que ir al baño.

Cuidados de la piel

La piel también envejece con el paso del tiempo. Se hace más delgada, pierde grasa y se forman arrugas. Aparecen manchas y se forman apéndices cutáneos, que son excrecencias de piel que se elevan sobre el resto de la piel. También se forman hematomas con más facilidad y las heridas tardan más tiempo en curarse.
Pero el envejecimiento de la piel será más o menos evidente en función de si se ha tomado mucho el sol a lo largo de la vida, si no se bebe suficiente agua, si se fuma o si se padece algún tipo de enfermedad, como la diabetes o una patología renal. Todo ello facilita que la piel se seque, descame y se torne áspera al tacto, pudiendo causar picor y facilitar que al rascarse se formen heridas susceptibles de infectarse.
Los cuidados de la piel cuando se tiene una edad avanzada se centran fundamentalmente en dos aspectos:
1) Hidratarla. La correcta hidratación de la piel se logra con una serie de medidas:
• Beber al menos 2,5 litros de agua al día.
• Incrementar la ingesta de frutas y verduras en la dieta.
• Utilizar una crema hidratante después de la ducha o el baño.
• Usar jabones suaves para el aseo personal.
• Utilizar agua templada, mejor que muy caliente, para ducharse o bañarse.
• Evitar los espacios con ambientes muy secos. Se puede utilizar un humidificador en casa.
• No fumar.
2) Protegerla del sol. El efecto nocivo de la radiación ultravioleta procedente del sol es acumulativo, por lo que a más edad, mayor es el riesgo de que se pueda formar un melanoma o un cáncer de piel. Asimismo, la exposición al sol y el calor favorece la deshidratación, frente a la que las personas mayores presentan un mayor riesgo. En este sentido, se deben adoptar las siguientes precauciones:
• Limitar el tiempo que se pasa al sol.
• Utilizar filtros solares de alta protección.
• Caminar, en la medida de lo posible, por la sombra y si se hace al sol vestirse con ropa amplia, de algodón, de manga larga y de colores muy claros.
• Utilizar sombrero para caminar.