El cuidador de la persona con demencia

Amaya Carceller Tejedor. Psicóloga del Hospital San Jorge de Huesca

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Cuando una persona empieza un proceso de demencia, normalmente requiere a alguien al lado que cuide de él, ya que en la mayor parte de los casos, la persona empieza de forma progresiva a perder facultades que le permitan llevar una vida totalmente autónoma.

Hay tres tipos de personas que atienden a las personas en un proceso de demencia. Estos se suelen dividir en:
Cuidador primario: es la persona que pasa la mayor parte del tiempo del día con la persona afectada por una demencia, responsabilizándose de su cuidado casi totalmente. El perfil suele ser una mujer de mediana edad, que tiene otras cargas familiares y/o laborales.
Cuidador secundario: es un familiar que comparte el cuidado del enfermo, pero en menor medida que el principal.
Cuidadores formales: son cuidadores dentro de una institución, que perciben una retribución económica por cuidar de la persona con demencia.

Sobrecargas en el cuidador

En muchos casos, sobre todo el cuidador principal, que es el que más tiempo pasa con la persona demenciada, empieza a sufrir una sobrecarga intensa, que puede acarrear graves problemas a nivel psicológico. La inseguridad, el miedo, la angustia y la soledad, son muchos de los sentimientos que sufren los cuidadores, que además, si no descansan correctamente, pueden llegar a sufrir situaciones de agotamiento físico y mental con graves consecuencias para la salud.
Hay una serie de pautas que pueden facilitar este duro proceso:
Infórmese sobre la enfermedad: Fases, evolución, tratamientos…Consulte y comparta experiencias con otros cuidadores.
Analice su nueva situación, necesidades, recursos y diferentes opciones. Limite y reparta las tareas con otros familiares de forma realista. Acepte toda la ayuda que le ofrezcan tanto familiares como conocidos.
Acepte sus sentimientos.
Anticípese a complicaciones más o menos predecibles, como aspectos legales o jurídicos.
No se aísle socialmente. Intente programar y priorizar sus actividades. Haga un esfuerzo por mantener aficiones. Es necesario que cuide su salud, practicando deporte y siguiendo una alimentación sana.
Aprenda a actuar delante del enfermo procurando conservar la calma. No haga siempre evidentes sus errores. Intente hacerle sentir útil, esto potenciará su autoestima y creará un ambiente agradable para ambos.
Favorezca su autonomía. Es necesario que en cada etapa el paciente ejecute por sí mismo todo lo que pueda, aunque lo haga mal o necesite mucho tiempo para hacerlo.
• Es necesario programar de forma individualizada el conjunto de actividades diarias, de modo que todo el mundo en casa esté totalmente al corriente, incluido el propio paciente mientras sea posible.

Informarse de los recursos sociales

También puede ser de mucha utilidad informarse de los recursos existentes a nivel social. Para ello, puede consultar con un trabajador social que le ayudará a valorar qué es más adecuado tanto para el enfermo como para el cuidador.
A continuación le dejamos una serie de preguntas que pueden ayudarle a darse cuenta de si está sufriendo un problema de sobrecarga:
• Me enfado fácilmente
• Doy demasiada importancia a cosas nimias
• Tengo muchos cambios de humor
• Trato a otras personas de la familia con menos paciencia
• Duermo peor, como peor, me concentro peor, me canso más…
Si cree que sufre varios de estos síntomas, no dude en consultar con su médico o psicólogo, le ayudarán a sobrellevar mejor la situación.