El estrés nos mata

Dr. EmilioGarrido-Landívar

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Es duro decirlo, pero quizás sea la única enfermedad mental que puede producir la muerte. Hablamos del estrés. Ya sé que nadie diagnosticaría una defunción por el estrés, sino más bien por una parada cardiorrespiratoria, pero el estrés motivó dicha parada.

Cómo se nos llena la boca diciendo en la fábrica, en la oficina, en la facultad, en el hospital… ¡estoy estresado vivo! Y, nos quedamos tan contentos, tan normales, tan indiferentes; el otro dice lo mismo y todos seguimos estresados y trabajando a tope, y metiendo horas sin ton ni son, y haciendo más horas de las que nos corresponden, incluso a costa de robarlas a nuestra familia y a nosotros mismos. Nos sentimos mejor viviendo estresados, hay que ver lo necios que somos muchas veces.

El estrés es una enfermedad paradójica, porque al mismo tiempo que nos puede matar, es necesario para vivir. Sin ese cierto nivel de estrés, no podríamos trabajar, no tendríamos los necesarios impulsos para soportar muchas cosas de la vida, careceríamos de emoción pero el estrés es fuente de multitud de problemas psíquicos y físicos que muchas veces olvidamos.

Constante adaptación

El hecho de estar en constante adaptación a grandes cambios de la vida personal, profesional y social, hace que desarrollemos capacidades físicas y psicológicas para estar a la altura de esos cambios continuos; de no ser así, desarrollamos un cuadro de estrés. Nadie tiene, siempre y en todo momento, las fuerzas necesarias y suficientes para afrontar un cuadro de estrés. Ahí es cuando decimos que hemos caído en un estrés.

¡Qué más quisiéramos nosotros que tener las fuerzas necesarias, en cada momento y en cada situación, para poder afrontar los cambios, las exigencias de nuestro trabajo, o los disgustos que nos genera la familia! Esta falta de fuerza nos hace entrar en un desequilibrio y en una situación de conflicto que será más o menos graves dependiendo el estresor que tengamos que soportar.

Notamos estrés cuando, casi sin darnos cuenta, nos angustiamos por cosas que antes no habíamos percibido; sentimos ansiedad continua, momentánea, más o menos fuerte en función de cómo supere dicho estré; pero como nadie nos ha dicho que es un cuadro de estrés, seguimos intentando sacar fuerzas de flaqueza. Sentimos más ansiedad, empezamos a preocuparnos, no dormimos tan bien como en otras épocas, nos notamos más cansado de lo habitual, aunque hayamos descansado en Semana Santa, y a la postre, no nos sentimos bien.

Cuadro de estrés

Si no hacemos nada por afrontar de manera correcta dicho cuadro de estrés, la ansiedad aumentará y podrá darnos pequeños episodios de crisis, de ataques de pánico, de no poder llegar al trabajo… y en muchas personas y según el nivel de severidad del cuadro, desarrollaremos fobias y psicosomatizaciones. Aquí hemos llegado al punto más serio de nuestro cuadro, porque es cuando el paciente empieza a pensar que algo malo le pasa, y se pregunta qué es, porque nota presión en el pecho, malas digestiones, taquicardias, sudor, no puede respirar, no duerme, no descansa, no se concentra… un etcétera tan grande y tan largo como severo y complejo sea tu estrés.

Fíjese que las estadísticas dicen que entre un 50 y un 75% de las consultas médicas están relacionadas, de forma directa o indirecta, con el estrés. La medicina tradicional no está preparada para un enfoque educativo, preventivo y de apoyo, aunque sí que palia muchas de las formas del estrés. Cada día que avanzamos en formas sociales de salud, se nota una nueva y diferente orientación sanitaria.

Los estresores –hechos, conductas, personas, lugares, trabajos, oposiciones, exámenes, emociones que nos desequilibran en demasía- más estudiados y que parecen estadísticamente más comunes son los que a continuación enumeramos:

  • Cambio de piso
  • Embarazo
  • Muerte de un ser querido
  • Medicina, abogacía, profesorado
  • Trabajo en cadena
  • Trabajo de noche-turnos
  • El trabo del ama de casa

Orientaciones que nos pueden ayudar a afrontar el estrés y mejorar

  • Debe adquirir habilidades personales y adoptar medidas que le ayuden a eliminar los estresores que son innecesarios para su vida. Tiene tres préstamos para tres casas y sólo vive en una.
  • Esto supone que debe modificar el estilo de vida que lleva y la actitud personal que tiene. No quiera ser tan responsable, no quiera llegar a todo, no haga por agradar a todo el mundo… Debe cambiar sus planteamientos.
  • A partir de los 38-40 años debemos hacernos un chequeo tanto físico como psicológico. ¡¿Por qué tiene miedo!? Debe saber qué forma de ser tiene usted, y cómo es, para poder disponer de datos serios y clínicos sobre usted mismo.
  • 4. Una exploración clínica cardiovascular está más que indicada, no solamente un electrocardiograma. En muchos casos es bueno, y el especialista nos informará, hacerse la prueba de esfuerzo. Póngase en sus manos, y todo lo demás vendrá rodado.
  • Una analítica de control, general, para que su clínico tenga una visión fisiológica de su estado actual, es necesaria e importante.
  • Hágase un chequeo psicológico, en su centro de salud, para saber si usted es de tipo A, perfil psicológico más propenso que otros a desarrollar el estrés, por su forma de ser o por su forma de trabajo, o su forma de encajar los disgustos y los golpes que la vida nos depara.
  • No olvide que cualquier enfermedad puede darle un estrés y desarrollar un insomnio como tal, sobre todo si está o ha estado ingresado en el hospital. La enfermedad, por sencilla que sea, genera un cierto nivel de estrés. Siempre y a todos.
  • Tómese la vida de otra manera, y organícesela como debe ser. Si es autónomo, tómese una tarde libre a la semana. ¡No diga que no puede! Inténtelo y verá los resultados.
  • Cuando se tome la tarde libre, debe programar aquello que no hace por no tener tiempo y que tanto le interesa: una conferencia, un partido de pelota, natación… ¡Aprenda a no hacer nada y disfrutar no haciéndolo!
  • Disponga de tiempo para ir a una exposición de pintura, de fotos, de maquetas, una película de acción, de ensayo…; aquello que pareciéndole tonto y que le hace perder el tiempo, es pura terapia contra el estrés patológico.
  • Relájese y respire profundamente. Respirar con la tripa (respiración abdominal) es gratis, solo hace falta que lo haga y verá los resultados.
  • Haga ejercicio físico todos los días. Caminar cinco kilómetros diarios es suficiente. No hace falta que vaya a un gimnasio, pero si eso es lo más fácil para que usted lo lleve a cabo, apúntese a uno y acuda con regularidad.
  • Tener buen humor, reírse con los amigos, es algo para lo que deberíamos disponer de más tiempo y planificarlo con más cuidado, controlando salidas y diversiones. No olvide nunca, por muy ocupado que esté, que los amigos y amigas son un tesoro. Váyase de cena con ellos.
  • Alimentación espiritual-intelectual: Es bueno acostumbrarse a leer un poco todos los días, aunque solamente fuera el periódico. Pero si lee un libro de novela, de autoayuda, de relatos, de biografía o de viajes, mejor; ya que su cerebro se alimenta de algo que le ayuda a tomar conciencia de su propia vida y momento.
  • Acéptese a sí mismo, con sus posibilidades, con sus limitaciones. No se culpe, sea usted mismo. No quiera ser perfecto. No quiera tener todo limpio. Siéntese cuando se canse. Reparta tareas, delegue.
  • Muchas veces es necesario utilizar un tranquilizante menor para dormir y descansar, porque si no se duerme bien, no se puede mantener el día como uno quiere. Un orfidal es suficiente, consulte a su médico.
  • Hacer el amor y amar a los demás y así mismo. Supone un cambio hormonal importante. No importa que tenga ganas o no, inténtelo y que salga como sea; lo importante es intentarlo.
  • No abuse nunca del alcohol ni de otros estimulantes. Lo que puede ser bueno en un momento, será una trampa a largo plazo.