El hombre moderno cuida su alimentación

Izaskun Arrarás . Dietista Nutricionista NA00220 Colegio Oficial de Dietistas Nutricionistas de Navarra (Codinna-Nadneo)

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Hoy en día, el gusto por cuidar la salud y por qué no, el culto al cuerpo, no es una cuestión de sexo, ni de nivel cultural. Es mucho más que todo esto, es un estilo de vida. Por muy distintas razones, llevar una vida saludable que incluye una alimentación equilibrada y la práctica regular de ejercicio físico, se ha convertido en algo atractivo y necesario.

El hombre se sube al tren de la vida saludable y es necesario tener en cuenta sus características físicas y como le afectan las distintas etapas vitales por las que atraviesa a lo largo de su vida. Todo ello, influirá en aspectos muy concretos de sus necesidades nutricionales, y por tanto, de su alimentación.

El físico influye determinantemente sobre los requerimientos nutricionales

Desde el nacimiento hasta que comienzan a manifestarse los primeros cambios originados por la pubertad, la diferenciación entre los sexos masculino y femenino, a nivel nutricional, es insignificante por no decir inexistente. Es a partir de ese momento, en que la transformación física se hace patente, cuando los requerimientos de energía y nutrientes comienzan a desnivelarse entre ambos sexos. El primer aspecto en el que se puede apreciar estas diferencias es el que se refiere a la necesidad de energía, siendo notablemente mayor para los adolescentes varones. Este consumo energético mayor se sigue incrementando hasta el momento en el que se alcanza la edad adulta y está basado en la distinta composición corporal entre hombres y mujeres: el hombre está dotado de más masa muscular y menos grasa, en términos generales, que la mujer. La relación entre la masa muscular del cuerpo y el gasto energético es directamente proporcional, es decir, el gasto energético en reposo o metabolismo basal es mayor cuantos más kilos de masa magra tiene el organismo. También se verán condicionadas las necesidades para los distintos nutrientes como proteínas, hidratos de carbono y grasas, teniendo que aportar mayores dosis a través de los alimentos.

Las distintas patologías más propias de la edad adulta, afectan de modo desigual a ambos sexos, siendo las de naturaleza cardiovascular las más prevalentes entre hombres. Lógicamente, es fundamental garantizar a través de la alimentación, el aporte de nutrientes y sustancias protectoras que mantengan bajo control los niveles de colesterol y grasas saturadas.

Consideraciones dietéticas

El patrón alimentario del hombre debe ser equilibrado, garantizando un aporte suficiente energía, con variedad de alimentos que den riqueza de nutrientes, que se adapte en cada momento, a las distintas necesidades de cada individuo y que sea sostenible.

El consumo habitual de cereales, principalmente de avena y de fibra, pueden contribuir a la reducción del colesterol ya que contienen beta-glucanos, una fibra soluble que combate el colesterol, lipoproteínas, y antioxidantes.

Los frutos secos (nueces, almendras, etc.) como parte de la dieta diaria reducen los niveles de azúcar en sangre y tiene un efecto cardioprotector.

El licopeno, una sustancia antioxidante contenida en el tomate ofrece una gran protección contra la formación de células cancerígenas y reduce la presión arterial.

El alto contenido de omega 3 en el pescado azul ayuda a disminuir la frecuencia cardiaca y la presión arterial. Los pescados más ricos en omega 3 son el salmón, la caballa, el atún, las sardinas y deben consumirse con una frecuencia mínima de una vez por semana.

Las carnes blancas (carne de ave y conejo) son una buena fuente de proteínas con escaso aporte de grasas que pueden ayudar en el control del peso y mantenimiento de la masa muscular. En el caso del pollo es necesario retirar la piel si queremos evitar su grasa. Alternando su consumo con las carnes rojas conseguiremos un mejor perfil lipídico en la dieta.

Las propiedades de la soja son aliadas de la mejora de la fertilidad masculina gracias a su alto contenido de isoflavonoides. Además, se la relacionan con la reducción de colesterol, y el aumento de la densidad ósea.