Enfermedad de Alzheimer: Consejos a familiares y cuidadores

Idoia Lorea González

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La enfermedad de Alzheimer es la causa más común de demencia,un término general que antes se conocía como “senilidad” y se creía que era un signo normal de envejecimiento.En la actualidad sabemos que la enfermedad deAlzheimer y otras formas de demencia no son un proceso normal de envejecimiento, sino una enfermedad.

Cuando las familias me preguntan sobre el mal de Alzheimer, siempre intento traducir una enfermedad tan compleja para que puedan entender y enfrentarse adecuadamente a ella. “Alzheimer es una enfermedad del cerebro que afecta la capacidad de las personas para recordar, razonar y comunicarse”.

Por el momento, todavía no se sabe por qué se desarrolla la enfermedad, que no tiene curación; pero con los cuidados adecuados, las personas con Alzheimer viven más “cómodamente” esta enfermedad degenerativa.

La enfermedad de Alzheimer causa cambios en las áreas del cerebro que controlan la memoria y otra serie de funciones mentales por los que la persona comienza a presentar problemas con su vida cotidiana. Sabemos que estos cambios en el cerebro son debidos a la muerte de las neuronas (células cerebrales) en zonas específicas (el hipocampo del lóbulo temporal), que provocan el comienzo de formaciones de estructuras microscópicas llamadas placas y ovillos. Posteriormente, la degeneración cerebral se va extendiendo al resto del cerebro.

La enfermedad de Alzheimer tiende a afectar más a personas mayores de 65 años. Cuanto mayor sea la persona, mayores son las probabilidades de que desarrolle la enfermedad. Aunque también se presenta en personas jóvenes.

Principales síntomas

Algunos de los principales síntomas a los que en caso de sospecha conviene estar atentos son:

  • Problemas de memoria en forma de preguntas repetitivas o no recuerdo de las conversaciones mantenidas poco antes…
  • Incapacidad para mantener la atención mucho tiempo: les aburre leer o la televisión cuando antes les gustaba mucho o son incapaces de mantener una conversación con varias personas.
  • Dificultad en la orientación por lo que no se atreven a ir solos a lugares desconocidos.
  • El vocabulario se hace más pobre de forma que llaman “cacharro” o “eso” a cualquier objeto con demasiada frecuencia.
  • Dificultades incipientes para actividades que supongan una planificación o pasos sucesivos, por ejemplo, dificultades a la hora de pedir una cita al médico, para conducir con la habilidad de antes o para preparar cocina más elaborada con lo que tienden a cocinar platos sencillos y repetitivos.
  • Problemas con el manejo del dinero: sobre todo pérdida del sentido de qué es mucho o poco.
  • Es frecuente que estén irritables, desconfiados, que se enfaden con los familiares cercanos. En cambio pueden resultar inapropiados en público por ejemplo, están de broma en situaciones inadecuadas o saludan a desconocidos…

Es importante acudir cuanto antes al médico de cabecera para que, en base a la información que aporta la familia, valore los síntomas que presenta el paciente, realice las pruebas necesarias y lo derive al especialista en neurología. El diagnóstico precoz posibilita al enfermo tomar sus propias decisiones (voluntades anticipadas, testamento vital) y a la familia el planificar los cuidados que irán surgiendo.

La noticia de que un ser querido tiene la enfermedad de Alzheimer puede parecer abrumadora al comienzo, pero la mayoría de las familias consideran que cuanto más aprenden sobre la enfermedad y los recursos que tienen a su disposición, mejor pueden afrontarla.

Cuidar al cuidador

El bienestar del enfermo depende directamente del bienestar del cuidador familiar, ya que el 80% de las personas con Alzheimer son cuidadas en su domicilio. Debido a que las vidas de los cuidadores giran en torno a la satisfacción de las necesidades del familiar enfermo de Alzheimer, muchos se olvidan de sus propias necesidades y suelen dejar sus propias vidas en un segundo plano. No obstante, el cuidador debe tomar conciencia de la necesidad de cuidarse más, debe darse cuenta de que cuidándose a sí mismo está cuidando mejor a su familiar, porque satisfechas las necesidades de descanso, ocio y apoyo emocional, podrá disponer de más energía y de recursos físicos y psicológicos para continuar cuidando.

Quizás no cuenta con apoyo suficiente y parece imposible conseguir pasar un rato lejos del enfermo, pero es una de las cosas más importantes que puede hacer para que le resulte posible seguir al cuidado de él. Los cuidadores que mejor se sienten son los que intentan llevar unos hábitos de vida saludables.

Cuidar de la propia salud significa:

  • Cuidar el cuerpo: Organice el tiempo para descansar y disfrutar. Duerma lo suficiente. Practique ejercicio con regularidad (Una caminata a paso ligero varias veces a la semana). Practique alguna técnica de relajación. Trate de mantener aficiones e intereses.
  • Cuidar las emociones: Reconozca y acepte los sentimientos sin sentirse culpable. Reconozca sus méritos. Es importante que sea capaz de reconocer por usted mismo todo lo que hace y permitirse sentir una sensación de logro y satisfacción. Ponga límites al cuidado, sin sentirse culpable.
  • Cuidar las relaciones: Combata el aislamiento, no se distancie de sus amistades. Hable de la enfermedad con la familia. Evite abandonar su trabajo fuera de casa. Utilice recursos existentes en la sociedad, solicite ayudas a través de los servicios sociales de su Ayuntamiento o Unidad de Barrio. Especialmente importante son los Centros de Día de gran ayuda para el cuidador principal y para la rehabilitación del enfermo.

Por último, póngase en contacto con la asociación de familiares, no sólo le informarán de los recursos y ayudas existentes. También podrá compartir experiencias con personas en su misma situación.