Esguinces de tobillo

Carlos Sanz García, Jon Martí Ayerdi, Íñigo Martiarena Aguirreche y Esther Rodríguez García. MIR Cirugía Ortopédica y Traumatología. Complejo Hospitalario de Navarra

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El esguince de tobillo es la lesión más frecuente de la extremidad inferior que se atiende en el servicio de Urgencias y Atención Primaria.

La articulación del tobillo está formada por la tibia, peroné y astrágalo. Estos huesos se encuentran unidos por ciertos ligamentos. En la parte externa del tobillo podemos encontrar el ligamento lateral externo conformado por 3 fascículos (ligamento peroneoastragalino anterior, ligamento peroneoastragalino posterior y ligamento peroneocalcaneo). En la parte interna del tobillo encontramos el ligamento lateral interno conformado por dos fascículos (profundo y superficial o ligamento deltoideo). El ligamento que se afecta con mayor frecuencia es el ligamento peroneoastragalino anterior.

Torsión brusca del tobillo

Tradicionalmente los esguinces se clasifican en grados según la severidad:
Grado I: mínima distensión, con inflamación y ligera impotencia funcional.
Grado II: rotura parcial, moderada impotencia funcional.
Grado III: rotura completa, gran inflamación y dolor. No pueden apoyar.
Generalmente el mecanismo de lesión es una torsión brusca del tobillo. El mecanismo lesional es indirecto produciéndose una inversión o eversión forzada del tobillo cuando se camina o se corre por una superficie irregular provocando la distensión de los tejidos. La combinación más frecuente es la inversión que combina la supinación y flexión plantar del tobillo es decir, cuando la planta del pie afectado mira hacia el otro pie.

Síntoma diagnóstico y tratamiento

Algunos factores predisponentes para sufrir esguinces de tobillo son: musculatura débil de la pierna por falta de uso o afectación nerviosa, esguinces previos que provoquen mayor laxitud de los ligamentos, obesidad y el uso de tacones.
La gran mayoría de esguinces son de grado leve, cuyo pronóstico, por lo general, es bueno. La mayoría de personas pueden apoyar y caminar desde el principio si la afectación de los ligamentos es leve.
Los signos y síntomas que acompañan al esguince son dolor, inflamación, impotencia funcional y hematoma.
Para diagnosticar un esguince es necesario una correcta anamnesis y una exploración física cuidadosa. No es necesario realizar radiografías del tobillo salvo imposibilidad para apoyar y dar 4 pasos, edad >55 años o dolor a la palpación de prominencias óseas. En ocasiones la afectación del ligamento deltoideo motiva una fractura asociada de la cabeza del peroné por lo que es necesario descartar de rutina esta patología.
Si la persona que ha sufrido el esguince es capaz de ponerse de puntillas o permanecer apoyado sobre la extremidad afectada se considera que la lesión es de buen pronóstico.
El papel de la resonancia magnética radica en el diagnóstico de patología osteocondral asociada, dolor crónico, inestabilidad, afectación severa de los ligamentos o sospecha de afectación de la sindesmosis.
El tratamiento de entrada por lo general es conservador con una recuperación rápida. Las medidas terapéuticas se resumen con el acrónimo POLICE:
P: protección
OL: óptima carga( lo que el dolor permita)
I: ice o hielo
C: compresión, consisten en inmovilización con vendaje o férula de yeso en casos de gran dolor.
E: elevación.
Puede ser necesario el empleo de muletas pero en cuanto se consiga la carga completa se deben abandonar. Tras el período inicial de inmovilización se procede con ejercicios de fortalecimiento de tobillo y movilización.
La tendencia actual en el manejo de los esguinces de tobillo es la carga precoz con un período mínimo de inmovilización.
Cabe destacar que un pequeño porcentaje de pacientes asocia una lesión del cartílago de la articulación.
La cirugía de entrada no se considera ventajosa y se reserva para pacientes con inestabilidad crónica que no mejoran con tratamiento rehabilitador.