Incontinencia urinaria: cuando afecta al cuerpo y a las emociones


María del Carmen Sánchez Eleno, Jorge Montero Herrero, Natalia Romero Aldave, Cristian Aguirre Pérez, Rosario Pérez Portilla y Miren Montoya Dufur

Print Friendly, PDF & Email
La incontinencia urinaria, o la pérdida involuntaria de orina, es un problema de salud que afecta a muchas personas, especialmente a mujeres, aunque también puede presentarse en hombres y a cualquier edad. Esta condición no solo impacta el cuerpo, sino que también puede afectar profundamente la vida emocional y social de quienes la padecen.

Mucho más que una molestia física

Vivir con incontinencia urinaria puede generar un gran malestar emocional. Quienes la sufren a menudo sienten vergüenza, evitan salir de casa, se aíslan y experimentan una caída en su autoestima. También puede afectar las relaciones de pareja o familiares, y en muchos casos, llevar al estrés o incluso a la depresión.

Hablar del tema con profesionales de salud no solo es importante, sino necesario. Buscar ayuda médica y psicológica puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida.

Tipos de incontinencia urinaria

No todas las incontinencias son iguales. Estas son las más comunes:
• Incontinencia de esfuerzo: aparece al reír, toser, estornudar o hacer fuerza, como al levantar algo pesado. Es común en mujeres después del parto o la menopausia.
• Incontinencia de urgencia: se siente una necesidad repentina y urgente de orinar, que muchas veces no se puede controlar. Suele estar relacionada con vejiga hiperactiva.
• Incontinencia mixta: es la combinación de las dos anteriores.
• Incontinencia por rebosamiento: la vejiga no se vacía del todo y hay pequeñas pérdidas. Es más común en hombres con problemas de próstata.
• Incontinencia funcional: ocurre cuando la persona tiene dificultad para llegar a tiempo al baño, por problemas de movilidad o memoria.

Factores que aumentan el riesgo de padecerla

• Envejecimiento natural del cuerpo
• Embarazo y parto
• Menopausia
• Enfermedades neurológicas (como Parkinson o esclerosis múltiple)
• Obesidad, que ejerce presión sobre la vejiga

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico se realiza con una serie de pasos:
• Entrevista médica: para conocer síntomas y antecedentes.
• Revisión física: para evaluar el estado de los músculos del suelo pélvico.
• Diario de orina: para registrar cuándo y cuánto se orina, y si hay pérdidas.
• Pruebas urodinámicas y ecografías: que permiten ver cómo funciona la vejiga.

Opciones de tratamiento

Existen distintos tratamientos, según el tipo y la gravedad:
• Cambios en el estilo de vida.
• Bajar de peso si es necesario
• Evitar bebidas con cafeína y alcohol
• Ir al baño a horarios regulares

Ejercicios: ejercicios de Kegel para fortalecer los músculos pélvicos.
Medicación: algunos medicamentos ayudan a controlar los síntomas, especialmente en la vejiga hiperactiva o durante la menopausia.
Terapias conductuales: entrenamiento de la vejiga para espaciar las idas al baño.
Dispositivos: pesarios vaginales en casos de incontinencia de esfuerzo.
Cirugía: cuando los tratamientos anteriores no son suficientes, se puede recurrir a la cirugía. Una opción común es el uso de mallas quirúrgicas, que ayudan a sostener la uretra para evitar fugas de orina. Existen diferentes técnicas, y el profesional de salud determinará cuál es la más adecuada.

Después del tratamiento

Muchas personas mejoran notablemente su calidad de vida tras el tratamiento. Es importante seguir las indicaciones médicas y asistir a los controles para asegurarse de que todo vaya bien.

En resumen

La incontinencia urinaria es una condición común y tratable. No tiene por qué ser motivo de vergüenza. Existen soluciones médicas y también apoyo emocional para quienes la padecen. Si notas que pierdes orina sin querer, no lo ignores: hablar con un especialista es el primer paso para mejorar tu bienestar.

AUTORES

María del Carmen Sánchez Eleno. Enfermera. Hospital Universitario de Navarra.
Jorge Montero Herrero. Enfermero. Hospital Universitario de Navarra.
Natalia Romero Aldave, Cristian Aguirre Pérez, Rosario Pérez Portilla y Miren Montoya Dufur. TCAE. Hospital Universitario de Navarra