La medicación de la vida

Laura Calvo Barrena. Especialista en Psiquiatra. Centro de Salud Mental II Ensanche. Elena Baztarrica Echarte. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. C. S. Berdún (Huesca). María Barber Ansón. Especialista en Medicina Intensiva. Complejo Hospitalario de Navarra. Leyre Aguado Gil. Especialista en Dermatología. Clínica Universidad de Navarra

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La disposición a tolerar cierto malestar parece estar decreciendo en la medida que el mundo moderno avanza. Nos han convencido de que podemos, y debemos, evitar todo tipo de sufrimiento y eso nos hace indudablemente infelices. La realidad es que el dolor por la pérdida de seres queridos, la frustración por no lograr objetivos o la enfermedad, no sólo son inevitables, sino que son experiencias vitales para las que estamos preparados y que, una vez enfrentadas, nos fortalecen en nuestro modo de afrontar la vida.

La sociedad de hoy en día ha perdido la confianza en que tenemos capacidades para ello y busca con angustia evitar todo tipo de malestar, lo que nos hace estar mal antes, durante y después de cada situación adversa que atravesamos. La pre-ocupación, como su nombre indica, es anticiparse a lo que puede ocurrir. Si invertimos demasiado tiempo en ello y con una visión negativa de lo que nos viene, el sufrimiento aumenta de manera innecesaria.

A nivel de los recursos sanitarios, existe una progresiva derivación de los problemas de la vida hacia las consultas médicas. Quedan desplazados del afrontamiento natural en la comunidad y pasan a ser considerados enfermedades.
La creencia general de que todo sufrimiento es patológico, junto a la consideración aprendida de que no podemos afrontar de manera adecuada las situaciones negativas, nos hacen vulnerables de considerarnos sujetos enfermos que precisan de un profesional para estar bien.
Este hecho se ve a su vez fomentado por la industria farmacéutica y tecnológica, que intenta que cada vez se medique más y se haga más uso de pruebas. Además los propios profesionales sanitarios, cuya vocación nos lleva a buscar alivio para los que recurren a nosotros, también ha propiciado esta desnaturalización del sufrimiento humano.

La cuaternaria

La cuestión de favorecer el desarrollo natural del proceso de superación tiene que ver también con que ninguna actuación a nivel sanitario carece de efectos negativos, por bienintencionada que sea. Hay estudios que lo demuestran.
En Medicina se habla cada vez más de un nuevo nivel de prevención, la cuaternaria, como el daño que hacemos los profesionales cuando intervenimos de manera no necesaria. En este caso, podemos hacerlo fomentando más la sensación de indefensión del paciente. Sin dejar de tener en cuenta que, además, somos en parte gestores de los recursos sanitarios y que una de nuestras tareas es ser justos, equitativos, con el resto de personas que atendemos y que precisan una atención especializada para que sus procesos puedan mejorar.
La presión social nos lleva a pensar que todos precisamos de expertos en Psicología o Psiquiatría cuando estamos mal, porque no consideramos que por nosotros mismos, con ayuda de nuestro entorno cercano, pueda ser suficiente. En situaciones “normales” de la vida como el fallecimiento de un ser querido, una ruptura de pareja o una enfermedad, hay que dar cabida a la tristeza, el llanto o la rabia como fases normales del proceso, que requieren su tiempo para poder avanzar. Además, cada uno tendrá su ritmo, que dependerá de las circunstancias en que se ha dado, las características de cada persona y otras situaciones personales. Nuestra labor como familiares, parejas o amigos es importante para ayudar positivamente, ofreciendo apoyo y escucha a quién lo necesite.
Es inevitable sentir miedo ante el ser querido que está sufriendo, pero habitualmente no necesitan de nosotros consejos ni soluciones, simplemente sentirnos cercanos.

Discernir entre lo normal y lo patológico

Los profesionales que nos dedicamos a esto, tenemos una importante labor en ayudar a discernir la normalidad de la patología, aunque en ambas situaciones el malestar y el sufrimiento puedan estar presentes. En ocasiones, contactar con personas que se encuentran en la misma situación, puede ser un elemento positivo y alentador para ayudar a aquellos que por, diferentes circunstancias, se encuentran bloqueadas en su proceso. El objetivo sería ayudarles a recuperar la confianza en ellos mismos y en su potencial de superación, viendo la experiencia de otros que ya han pasado por lo mismo.