Viajar es una de las formas más enriquecedoras de conocer el mundo, pero también puede exponernos a riesgos sanitarios diferentes a los de nuestro entorno habitual. Cambian los alimentos, el agua, el clima, los insectos, las condiciones higiénicas, la altitud, el acceso a la atención sanitaria y las enfermedades presentes en cada zona. Por eso, cuando se prepara un viaje internacional, especialmente a países con riesgo sanitario, conviene incluir una cita importante antes de hacer la maleta: la consulta de vacunación internacional.
La consulta del viajero tiene como finalidad prevenir enfermedades asociadas al viaje y ofrecer recomendaciones adaptadas a cada persona. No se trata únicamente de “poner vacunas”, sino de realizar una valoración individual del viaje y del viajero. Para ello se tienen en cuenta el país de destino, la zona concreta que se visitará, la duración de la estancia, el tipo de alojamiento, el motivo del viaje y las actividades previstas. No es lo mismo pasar una semana en una gran ciudad que recorrer zonas rurales, hacer cooperación, trabajar en el extranjero, visitar familiares durante varias semanas o viajar con niños pequeños.
También se revisan las características personales: edad, embarazo, lactancia, enfermedades crónicas, inmunosupresión, alergias, medicación habitual y antecedentes vacunales. Por eso es recomendable acudir con el calendario de vacunación, la tarjeta sanitaria, el DNI o pasaporte y, si se toman medicamentos, un listado actualizado. Esta información permite ajustar las recomendaciones y evitar indicaciones innecesarias o contraindicadas.
Uno de los pilares de la consulta es la vacunación. Algunas vacunas pueden ser exigidas para entrar en determinados países o en situaciones concretas y requieren un Certificado Internacional de Vacunación. Entre ellas se encuentran, según el destino, la fiebre amarilla, la meningitis ACWY o la poliomielitis. Otras vacunas no son obligatorias, pero pueden estar recomendadas en función del riesgo del viaje: hepatitis A y B, fiebre tifoidea, rabia, gripe, triple vírica, cólera, encefalitis japonesa, encefalitis transmitida por garrapatas o dengue, entre otras. Además, la consulta es una oportunidad para revisar y completar el calendario vacunal habitual del adulto o del niño.
Otro aspecto fundamental es la prevención del paludismo o malaria. En algunos países puede ser necesaria medicación preventiva antes, durante y después del viaje. La indicación depende de la zona visitada, la duración, la época del año, el tipo de viaje y las características del viajero. Si se prescribe quimioprofilaxis antipalúdica, es importante conocer bien cómo tomarla, sus posibles efectos secundarios y qué hacer ante fiebre durante el viaje o al regreso. En cualquier caso, los medicamentos no sustituyen a las medidas frente a picaduras: ambas estrategias se complementan.
La prevención de picaduras es clave porque mosquitos, garrapatas y otros vectores pueden transmitir enfermedades como dengue, zika, chikungunya, malaria, fiebre amarilla o encefalitis. Las medidas más útiles son usar repelente adecuado, reaplicarlo según las instrucciones, vestir ropa clara que cubra brazos y piernas, dormir con mosquitera si es necesario y utilizar aire acondicionado o barreras físicas en puertas y ventanas. En zonas de riesgo, estas precauciones deben mantenerse durante todo el día, ya que no todos los mosquitos pican a la misma hora.
La diarrea del viajero es uno de los problemas más frecuentes. Para reducir el riesgo conviene beber agua embotellada o correctamente tratada, evitar hielos de procedencia dudosa, consumir alimentos bien cocinados y calientes, pelar la fruta personalmente y extremar la higiene de manos. Deben evitarse alimentos crudos o poco cocinados si no se puede garantizar su seguridad, especialmente pescados, mariscos, lácteos no pasteurizados o verduras lavadas con agua no segura. Llevar suero de rehidratación oral puede ser de gran ayuda, sobre todo en viajes con niños o personas mayores.
El botiquín del viajero debe adaptarse al destino y a la duración del viaje. De forma general puede incluir medicación habitual suficiente para toda la estancia, analgésico o antitérmico, material para curas pequeñas, termómetro, protector solar, repelente, gel hidroalcohólico, sales de rehidratación oral y la medicación específica indicada en la consulta. Las personas con enfermedades crónicas deberían llevar informes médicos básicos y transportar los medicamentos en el equipaje de mano, preferiblemente en sus envases originales.
También es importante pensar en otros riesgos: accidentes de tráfico, exposición solar, golpes de calor, mal de altura, mordeduras de animales, prácticas sexuales sin protección o actividades de aventura. Evitar el contacto con animales, aunque parezcan domésticos, ayuda a prevenir mordeduras y enfermedades como la rabia. Si se produce una mordedura, arañazo o exposición de riesgo, se debe lavar la herida con abundante agua y jabón y consultar cuanto antes.
Acudir con antelación es esencial. Algunas vacunas necesitan varias dosis o requieren tiempo para generar protección, y ciertos certificados no son válidos hasta pasados unos días. Además, si el viajero tiene una enfermedad de base o toma tratamientos especiales, puede ser necesario valorar el caso con otros profesionales. Lo ideal es consultar varias semanas antes del viaje, aunque si queda poco tiempo sigue siendo útil acudir: muchas medidas preventivas pueden aplicarse incluso en los días previos.
La consulta de vacunación internacional ayuda a viajar de forma más segura, informada y responsable. No elimina todos los riesgos, pero permite conocerlos y reducirlos. Preparar un viaje también es cuidar la salud: vacunarse cuando corresponda, prevenir picaduras, elegir bien alimentos y bebidas, llevar un botiquín adecuado y saber cuándo consultar. Porque cuando viajamos, nuestra salud también viaja con nosotros.
AUTORES:
Cristina Nicolau Cano. Médica Especialista de Medicina Preventiva y Salud Pública.
Laura Almenara Michelena. MIR de Aparato Digestivo.
Alba Herranz García. Médica Adjunta de Psiquiatría.
Itziar Estrella Muelas Rives. MIR de Dermatología Médico-Quirúrgica y Venereología.
Lydia García Fuentes. MIR de Urología.
Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.


