La sífilis en el embarazo: una infección reemergente


Rialta Castán Marigómez, Ana Romeo Aparicio, Celia Queipo Menéndez, Laura Blasco Alconchel, Hannah Sarasola Cullen, Pedro Olivera Salort, Naomi Artal López, Ana Salinas Badía, Elena Beltrán Murillo, María Cortés Costa

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La sífilis es una infección de transmisión sexual causada por una bacteria llamada Treponema pallidum. Aunque es una enfermedad conocida desde hace siglos y con tratamiento eficaz, en los últimos años su incidencia ha aumentado de forma preocupante en muchos países, incluido España. Este aumento hace especialmente importante recordar qué es la sífilis, cómo se transmite, cuáles son sus consecuencias durante el embarazo y por qué el diagnóstico precoz es clave para proteger la salud del bebé.

Una infección en aumento

En los últimos años, las cifras de sífilis han crecido de manera notable. Los datos oficiales muestran miles de nuevos casos anuales, con un incremento importante respecto a años previos. Este fenómeno se relaciona con varios factores, como el aumento de las relaciones sexuales sin protección, el consumo de drogas, la coexistencia con otras infecciones de transmisión sexual y una menor percepción del riesgo frente a estas enfermedades.

También influye el hecho de que, gracias a los avances médicos, el VIH haya pasado de ser una enfermedad mortal a una patología crónica controlable, lo que en parte ha reducido el miedo a las infecciones de transmisión sexual en general. Todo esto pone de manifiesto la necesidad de reforzar la educación sanitaria y la prevención.

¿Quiénes tienen más riesgo?

La sífilis puede afectar a cualquier persona sexualmente activa, pero existen algunos factores que aumentan el riesgo. Entre ellos se encuentran el consumo de drogas, tener múltiples parejas sexuales, haber tenido otras infecciones de transmisión sexual, la infección por VIH y determinadas situaciones sociales o económicas desfavorables.

En el caso del embarazo, también se considera de mayor riesgo a las gestantes adolescentes y a aquellas procedentes de zonas donde la sífilis es más frecuente, como algunas regiones de Sudamérica, Europa del Este o África subsahariana.

¿Cómo se manifiesta la sífilis?

Una de las características más engañosas de la sífilis es que puede presentar síntomas muy variados o incluso pasar desapercibida. Por este motivo se la conoce como “la gran simuladora”. La enfermedad evoluciona en varias fases.

En la fase inicial, conocida como sífilis primaria, aparece una lesión en la piel llamada chancro. Suele ser una úlcera única, indolora y de bordes bien definidos, que aparece unas tres semanas después del contagio. Como no duele, muchas personas no le dan importancia y no consultan.

Tras esta fase, puede aparecer la sífilis secundaria, caracterizada por síntomas generales como fiebre, malestar, pérdida de peso y, sobre todo, una erupción en la piel que no suele picar y que afecta con frecuencia a las palmas de las manos y las plantas de los pies. También pueden aparecer ganglios inflamados, lesiones en mucosas o caída del cabello en pequeñas zonas.

Después de estas fases, la infección puede entrar en un periodo latente, en el que no hay síntomas, pero la bacteria sigue presente en el organismo. Esta fase puede durar años. Si no se trata, en algunos casos la sífilis progresa a una fase tardía o terciaria, que puede producir daños graves en el corazón, el sistema nervioso y otros órganos.

Sífilis y embarazo

Durante el embarazo, la sífilis es especialmente peligrosa porque puede transmitirse de la madre al feto a través de la placenta. Esta transmisión puede ocurrir en cualquier momento de la gestación, aunque es más frecuente cuando la madre se encuentra en las fases más tempranas de la infección.

La infección fetal puede tener consecuencias graves. Aumenta el riesgo de aborto espontáneo, muerte fetal intrauterina, parto prematuro y bajo peso al nacer. En algunos casos, el feto desarrolla signos de infección grave que pueden detectarse mediante ecografía, como aumento del tamaño del hígado, anemia, exceso de líquido amniótico o acumulación de líquido en diferentes partes del cuerpo, una situación conocida como hidrops fetal.

Es importante destacar que no siempre se detectan alteraciones en las ecografías, por lo que la ausencia de signos visibles no descarta una infección fetal.

Sífilis congénita: una enfermedad grave pero evitable

Cuando un bebé nace infectado por sífilis se habla de sífilis congénita. Se trata de una de las infecciones congénitas más graves. Algunos recién nacidos presentan síntomas desde el nacimiento, como erupciones cutáneas, anemia, alteraciones del hígado o problemas óseos y neurológicos.

Sin embargo, hasta un 60 % de los recién nacidos infectados pueden no presentar síntomas al principio. Esto dificulta el diagnóstico y hace imprescindible el seguimiento. Si no se detecta y trata a tiempo, el niño puede desarrollar años después la llamada sífilis congénita tardía, con secuelas irreversibles como sordera, problemas visuales, alteraciones dentales y trastornos del desarrollo neurológico.

Importancia del cribado durante el embarazo

Debido a la gravedad de estas complicaciones y a que la sífilis puede no dar síntomas, se realiza un cribado sistemático a todas las mujeres embarazadas en el primer trimestre mediante análisis de sangre. En mujeres con factores de riesgo, esta prueba se repite en el segundo y tercer trimestre.

El diagnóstico se basa en pruebas serológicas que detectan anticuerpos frente a la bacteria. Ninguna prueba por sí sola es perfecta, por lo que se utilizan combinaciones de análisis para confirmar la infección y valorar si es reciente o pasada. En el embarazo pueden aparecer falsos positivos, por lo que en algunos casos es necesario repetir las pruebas.

En los recién nacidos, el diagnóstico es aún más complejo, ya que los anticuerpos de la madre pueden pasar al bebé y dar resultados positivos sin que exista infección real. Por ello, estos niños deben ser controlados durante meses.

Tratamiento: eficaz y fundamental

La sífilis tiene tratamiento y este es muy eficaz, especialmente si se administra de forma precoz. El antibiótico de elección durante el embarazo es la penicilina, que ha demostrado prevenir la transmisión al feto en la gran mayoría de los casos.

El momento del tratamiento es clave: cuanto antes se trate la infección, menor será el riesgo para el bebé. Si el tratamiento se retrasa hasta el final del embarazo, el riesgo de sífilis congénita aumenta de forma significativa.

Tras el tratamiento, es necesario realizar controles periódicos para asegurarse de que la infección ha respondido adecuadamente. En algunos casos puede ser necesario repetir el tratamiento o prolongar el seguimiento.

Educación y prevención

El aumento de la sífilis demuestra que sigue siendo un problema de salud pública. Aunque es una enfermedad prevenible y tratable, continúa causando graves consecuencias, especialmente en el embarazo.

La educación sanitaria, el uso de métodos de protección en las relaciones sexuales, el acceso a controles médicos durante la gestación y la reducción de las desigualdades sociales son herramientas fundamentales para frenar su avance.

Conclusión

La sífilis es una enfermedad antigua, pero lejos de estar erradicada. Su aumento en los últimos años y su impacto en el embarazo la convierten en un problema relevante que no debe subestimarse. Gracias al cribado sistemático y al tratamiento adecuado, la mayoría de los casos pueden diagnosticarse y tratarse a tiempo, evitando consecuencias graves para la madre y el recién nacido. La clave está en la prevención, el diagnóstico precoz y la concienciación de la población.

AUTORES:

  1. Rialta Castán Marigómez (Médico Residente 3 año en Ginecología y Obstetricia, Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza).
  2. Celia Queipo Menéndez (Médico Residente 4 año en Ginecología y Obstetricia, Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza).
  3. Laura Blasco Alconchel (Médico Residente 3 año en Ginecología y Obstetricia, Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza).
  4. Hannah Sarasola Cullen (Médico Residente 3 año en Ginecología y Obstetricia, Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza).
  5. Ana Romeo Aparicio (Médico Residente 4 año en Ginecología y Obstetricia, Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza).
  6. Pedro Olivera Salort (Médico Adjunto en Ginecología y Obstetricia, Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza).
  7. Naomi Artal López (Médico Adjunto en Ginecología y Obstetricia, Parc Sanitari Sant Joan de Déu en Sant Boi de Llobregat, Barcelona).
  8. Ana Salinas Badia (Médico Adjunto en Ginecología y Obstetricia, Hospital de Barbastro).
  9. Elena Beltrán Murillo (Médico Adjunto en Ginecología y Obstetricia, Hospital Nuestra Señora de Gracia Zaragoza).
  10. María Cortés Costa (Médico Adjunto en Ginecología y Obstetricia, Hospital Nuestra Señora de Gracia Zaragoza).