Lavados nasales en lactantes: más que higiene


Paula Munárriz Giménez. Fisioterapeuta. Especialista en Fisioterapia Respiratoria Pediátrica. Hospital Reina Sofía. Tudela

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Durante los primeros meses de vida, los bebés son especialmente vulnerables a infecciones respiratorias. Su sistema inmunológico aún está en desarrollo. Su respiración es exclusivamente nasal hasta los 3-4 meses de vida y sus fosas nasales son más estrechas y pequeñas, siendo mucho más fácil su obstrucción. Por eso, una nariz congestionada puede generar múltiples consecuencias: dificultad para alimentarse, alteraciones del sueño, irritabilidad y, en los casos más graves, episodios de dificultad respiratoria. En este contexto, los lavados nasales no solo son una medida de higiene, sino también una herramienta preventiva y terapéutica esencial, especialmente desde el enfoque de la fisioterapia respiratoria pediátrica.

La trompa de Eustaquio en el niño tiene una posición más horizontal y una menor longitud, lo que favorece el acúmulo y migración de los patógenos y moco en el oído, por eso los niños tienen más facilidad de padecer otitis que los adultos.

El moco está formado por dos capas, una muy líquida y otra más espesa, que arrastra las partículas e impurezas. Sus funciones son calentar el aire, humedecer el aire y limpiarlo.

Desde la fisioterapia respiratoria, los lavados nasales cumplen un doble papel. Por un lado, como herramienta preventiva y de mantenimiento de la higiene de las vías respiratorias superiores, y por otro, como preparación para las técnicas fisioterapéuticas específicas destinadas a movilizar y drenar secreciones acumuladas en el aparato respiratorio. Una vía nasal despejada facilita la ventilación adecuada de los pulmones y mejora la eficacia de técnicas empleadas en fisioterapia pediátrica.

En muchas ocasiones, el lavado nasal se convierte en el primer paso del tratamiento en consultas de fisioterapia respiratoria pediátrica. Cuando se realiza correctamente, no solo alivia los síntomas del pequeño, sino que puede reducir la necesidad de tratamientos farmacológicos o disminuir la frecuencia de complicaciones respiratorias. Esto cobra especial relevancia en épocas del año como el otoño o el invierno, cuando aumentan los casos de bronquiolitis, resfriados o infecciones virales.

Los lavados nasales son una terapia. Son terapia nasal porque no solo limpian la nariz, si no que van a ayudar al niño a protegerse, ya que mejoran el sistema inmune innato de la mucosa nasal.

Es fundamental destacar que la técnica del lavado nasal debe realizarse correctamente para que sea eficaz y segura. Por ello, es muy recomendable que los cuidadores reciban instrucciones claras y personalizadas por parte de un profesional sanitario capacitado, como un fisioterapeuta especializado en respiratorio pediátrico.

¿Cuándo hacer lavados nasales?

Muchas veces se cree que los lavados se hacen sólo cuando «hay moco». Pero es importante distinguir entre moco e inflamación. El goteo nasal o rinorrea es cuando hay un exceso de moco y con una rinitis hay inflamación.

En ambos casos es efectivo el lavado nasal, uno para limpiar y el otro para desinflamar.

Por tanto, los lavados nasales se deben realizar durante 5 meses, de octubre a abril, porque lo que se pretende conseguir es que esos catarros no se compliquen, al igual que los mocos. Por lo que se hacen cuando tenga síntomas, no importa el color del moco, el color del moco indica la fase vírica. Tan importante es tratar una fase más aguda inflamatoria de la mucosa, que son mocos blancos, como una fase más hipersecretora, que son mocos verdes-amarillos. En ambos casos hace falta aliviarle y ayudarle, solo cambiaremos el tipo de suero.

Es fundamental realizar lavados nasales antes de dar la medicación inhalada a los bebés, porque una nariz no bloqueada o no llena de moco facilita la inhalación de medicamentos con la cámara. Hace que sea más efectivo. Primero haremos un buen lavado nasal y después daremos la medicación inhalada, y así el niño podrá respirar mejor por la nariz y por la boca porque no estará bloqueada. Por tanto, en procesos catarrales y bronquiolitis también es necesario hacer lavados nasales.

Tipos de suero

  • Isotónico: más indicado para catarros e infecciones de vías aéreas altas, faringitis, laringitis, adenoiditis, bronquiolitis, bronquitis y asma.
  • Hipertónico: más indicado para rinosinusitis, rinitis, rinitis alérgica y otitis.
  • Agua de mar

¿Cómo hacer un lavado nasal?

La mejor postura es en la que se sienta al niño y se le coloca un poquito hacia delante. De forma que vosotros estáis colocados detrás y podéis sujetarle y manejarlo mejor. Es importante que la boca este abierta, por tanto, es necesario sujetársela, que se mantenga abierta mientras se mete el suero con el lavado porque tenemos que evitar que traguen mientras tanto. Después dejamos que el niño trague y respire fuerte. Así se evita que el moco pase al oído, protegiéndolo.

Tipos de dispositivos

  • Spray sol, Rinowash o Mad nasal son nebulizadores nasales que no sólo arrastran moco, sino que sirven también de depósito del suero en la mucosa. Por tanto, ayudan a la inflamación, cicatrización, protección y son descongestivos.
  • Las duchas nasales se recomiendan en niños más mayores, que ya sepan sonarse. En estos casos solo se hace arrastre del moco. Por tanto, si se necesita un aporte extra, se podrán seguir utilizando los dispositivos anteriores.

El fisioterapeuta puede enseñar la técnica adecuada y adaptar los lavados a la evolución de los síntomas del niño. El acompañamiento de los profesionales en este proceso tranquiliza a las familias, mejora la adherencia y evita prácticas inadecuadas.

Además, los lavados nasales también están indicados como medida de higiene preventiva, especialmente en entornos con alta concentración de alérgenos, en bebés que asisten a guarderías o tienen hermanos mayores en edad escolar, el riesgo de contagios respiratorios se incrementa.

En conclusión, los lavados nasales en lactantes van mucho más allá de una simple rutina de limpieza. Son una herramienta clave en el cuidado integral del sistema respiratorio infantil. Bien realizados, no solo mejoran la calidad de vida del bebé, sino que ayudan a prevenir complicaciones, favorecen una mejor alimentación y descanso, y optimizan el resultado de las técnicas fisioterapéuticas respiratorias.

AUTORA

Paula Munárriz Giménez. Fisioterapeuta. Especialista en Fisioterapia Respiratoria Pediátrica. Hospital Reina Sofía. Tudela