Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en todo el mundo. Pero lo que muchas personas aún desconocen es que, después de un infarto, una operación de corazón o incluso un ingreso por insuficiencia cardíaca, el tratamiento no termina al recibir el alta. Es ahí cuando comienza una fase igual de importante: la rehabilitación cardíaca.
La rehabilitación cardíaca consiste en la coordinación de las actividades necesaria para asegurar a los enfermos con cardiopatías una condición física, mental y social optima, para llevar una vida plena y productiva.
Está dirigida por un equipo multidisciplinar formado por cardiólogos, cirujanos cardíacos, médicos rehabilitadores, fisioterapeutas, enfermeros, psicólogos, trabajador social, neumólogo, urólogo, endocrino, terapeuta ocupacional y nutricionistas. Su finalidad es ayudar al paciente a recuperarse física y emocionalmente, reducir el riesgo de futuros eventos cardiovasculares y mejorar su calidad de vida.
La estrategia de los programas de rehabilitación cardíaca debe incluir intervenciones para ayudar a controlar el peso corporal, lograr la abstinencia absoluta del tabaquismo, control de la tensión arterial y los desórdenes lipídicos, y ayudar a incrementar la tolerancia al esfuerzo.
Beneficios de la rehabilitación cardíaca
Reducción de los síntomas, la disnea y la fatiga, con la correspondiente mejoría cardiovascular y aumento de la calidad de vida. Mejoría del perfil lipídico y del control de la glucemia en pacientes con diabetes. Logran mejorar el control de estrés, la ansiedad y mayor estabilidad psicológica. La morbilidad y mortalidad se ven reducidas.
Criterios de inclusión o indicaciones
– Cardiopatía isquémica (IAM, cirugía aortocoronaria, angioplastia coronaria y angina estable).
– Insuficiencia cardíaca.
– Valvulopatías operadas.
– Trasplante cardíaco.
– Cardiopatías congénitas.
– Implantación de marcapasos.
– Sujetos sanos con 3 o más FRCV, astenia circulatoria y con edad media que inicien actividades deportivas.
Criterios de exclusión o contraindicaciones
Absolutas:
– Aneurisma disecante de la Aorta.
– Estenosis severa del tracto de salida del ventrículo izquierdo.
Relativas o temporales:
– Angina inestable.
– Enfermedades descompensadas (IC, diabetes mellitus, hipertensión arterial o EPOC)
– Enfermedades agudas (embolismo pulmonar, miocarditis, pericarditis, endocarditis, derrame pleural o trombosis valvular)
– Infección de la esternotomía o infecciones activas
– Enfermedades musculoesqueléticas (hernias lumbares, estenosis del canal medular, artrosis avanzadas, coxigodinia o síndrome varicoso severo).
– Trastorno del ritmo severo (extrasístoles ventriculares que aumentan con el ejercicio, taquicardia ventricular, arritmias supraventriculares no controladas o bloqueos auricoventriculares de 2º-3º grado).
– Patología ano-rectal o hipertrofia benigna de próstata.
– Trastornos de la conducta o de la personalidad.
Fases de la rehabilitación cardíaca
Los programas de rehabilitación cardíaca dan una cobertura total del paciente, que inicia cuando ocurre el evento cardíaco y se mantiene durante toda la vida
Fase 1: Hospitalaria → Cardiólogo → Días / Semanas
Fase que se produce desde el ingreso hospitalario hasta el alta. Se encuentra entre la unidad de cuidados intensivos y la planta de hospitalización.
Se inicia la movilización precoz, fisioterapia respiratoria y conseguir la máxima autonomía para las actividades de la vida diaria.
Fase 2: Domicilio y ambulatoria → Cardiólogo → 8 -12 semanas
Antes de comenzar esta fase es necesario haber realizado una prueba de esfuerzo.
El principal objetivo es adquirir un estilo de vida cardiosaludable, mejoría de la capacidad funcional y recuperar en la medida de lo posible su vida familiar, social y laboral que desempeñaba antes del evento.
Consta de un programa de ejercicio físico, un programa educativo y de apoyo psicosocial. Se debe incluir al paciente y a su familia.
El ejercicio físico se realiza de forma individualizada y trata de obtener el máximo beneficio asumiendo el menor riesgo posible.
Se recomienda que los entrenamientos estén en la zona de transición aeróbica – anaeróbica, donde la Frecuencia cardíaca de esfuerzo óptima será del 75-85% de la Frecuencia cardíaca máxima. Por tanto se estará trabajando entre 4-6 de la Escala de Borg modificada.
Los entrenamientos deberían ser 3-5 días por semana, con una duración de 30-60 minutos:
– El calentamiento con una duración de 5-10 minutos (ejercicio activo suave y aumentando progresivamente).
– El entrenamiento con una duración de 30-40 minutos.
– La recuperación o vuelta a la calma con una duración 10-15 minutos (disminuyendo la actividad hasta el reposo). Esta fase es muy importante ya que reduce la aparición de complicaciones.
Si el paciente está muy desentrenado es conveniente empezar con entrenamientos a intervalos de baja intensidad e ir aumentando de forma progresiva hasta conseguir lo descrito anteriormente.
El entrenamiento de la fuerza tiene que ser como mínimo 2 sesiones a la semana no consecutivas. La pauta general es realizar de 8-12 repeticiones, entre 2-4 series realizándolas en 8-10 grupos musculares. Se debe alternar miembros superiores con miembros inferiores y tronco. Para no llegar a la fatiga muscular, se realizan descansos entre series de 2-3 minutos y el total del entreno no debe superar los 15-20 minutos.
Por último, se deben incluir ejercicios de coordinación y equilibrio 2-3 días por semana, y ejercicios de flexibilidad (estiramientos de 90 segundos de duración) y estiramientos durante 10-15 minutos.
Fase 3: Mantenimiento → Unidad de rehabilitación cardíaca → toda la vida.
El objetivo principal es que el paciente continúe con los hábitos cardiosaludables aprendidos durante la fase 2.
Rehabilitar el corazón no solo significa curar una dolencia física, sino también ayudar a la persona a reconstruir su vida con confianza, fuerza y esperanza. La rehabilitación cardíaca ofrece justamente eso: una segunda oportunidad para vivir mejor.
AUTORA
Paula Munárriz Giménez. Fisioterapeuta. Hospital Reina Sofía. Tudela


