Mi hijo duerme mal…

Tamara Montesinos Escartín. Enfermera residente Familiar y Comunitaria. Máster en Gerontología Social, Máster en cuidados proactivos enfermería, Experta en cuidados avanzados en enfermería avanzada. Centro de Salud La Jota. Zaragoza

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Los trastornos del sueño son patologías que muchas veces están infradiagnosticadas por la dificultad en los criterios del propio diagnóstico, incluso de la subjetividad de quien los padece.

Existen estudios que hablan de hasta el 48% de la población adulta puede presentar dificultades con el sueño. Pero esta realidad también se puede extrapolar a los niños y adolescentes. El insomnio es una patología muy frecuente en edad pediátrica (30% en niños menores de 5 años) que ocasiona una grave repercusión cognitiva, emocional y en el aprendizaje junto con una importante comorbilidad médica y afectación de la calidad de vida del niño y la familia.
Para el cribado de los trastornos del sueño se suele distinguir entre niños menores de 2 años o niños entre 2 a 18 años, a través de escalas. Se recomienda que el diagnóstico sea clínico y sólo en los casos dudosos, se debería hacer un diagnóstico diferencial con otras pruebas complementarias.

La clasificación en líneas generales suelen ser de 3 tipos:
• El niño que le cuesta dormirse, donde se incluye el insomnio, trastornos del movimiento nocturno y trastornos del ritmo circadiano.
• Niños que presentan eventos anormales durante la noche, donde se incluyen trastornos respiratorios, parasomnias también conocidas como trastornos de la conducta durante el sueño, y trastornos del movimiento.
• Niños que duermen mucho durante el día, que incluyen privación crónica del sueño y narcolepsia.

¿Cómo sospechar que mi hijo/a tiene problemas del sueño?

Existen variedad de trastornos del sueño, pero alguna de las frases que suelen decir los padres son:
• “Mi hijo hace cosas raras por la noche”
• “Duerme mucho durante el día”
• “Le cuesta dormirse mucho por la noche”

También ante la presencia de alguno o varios de los siguiente signos y/o síntomas de forma continuada en el tiempo pueden ayudarnos:
•Irritabilidad.
• Despertares frecuentes.
• Hiperactividad paradójica.
• Aumento de accidentes por falta de concentración.
• Dolores de cabeza.
• Despertares frecuentes en la noche.
• Ronquidos y/o respiraciones dificultosas cuando duerme.
• Gran dificultad para despertarse.
•Tardar más de 30 minutos en dormirse desde que se acuestan.
• Dificultad de aprendizaje, concentración, atención, etc.
• Mejoría de los anteriores síntomas si consigue dormir.
Los tratamiento posibles para estos casos son fundamentalmente educación en higiene del sueño, y terapias de intervención psicológico-conductual, en alguno de los casos se precisará de tratamiento farmacológico. Se ha estudiado mucho sobre ello, y la adherencia al tratamiento con las familias es fundamental para mantener una adecuada higiene del sueño.

Qué podemos hacer para mejorar el sueño de nuestros hijos

• No perder la calma y el control de la situación.
• Evitar siestas durante el día.
• Fomentar la exposición solar por la mañana.
• Planificar horarios y rutinas durante el día y la noche.
• Realizar actividad física preferiblemente durante la mañana, o primera hora de la tarde.
• Realizar relajación tanto durante el día, como en los momentos previos acostarse.
• Evitar riesgos y accidentes que puedan estar relacionados con el déficit de sueño.
• Evitar ruidos antes y durante el sueño.
• Evitar estímulos luminosos antes y durante el sueño. (Pantallas de televisión, móvil, luces en habitación ).
• Reducir la ingesta de líquidos en las horas previas acostarse.
• Evitar alimentos estimulantes (cafeina, teina, dulces…).