Nuestro pan de cada día

Arantza Ruiz de las Heras

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Esta frase resume perfectamente la necesidad de tomar pan como parte fundamental de la dieta diaria, en consonancia con la interpretación de la pirámide de la alimentación saludable que dice que es un alimento de consumo habitual todos los días.

¿Cómo conseguir este propósito?

Las recomendaciones hablan de tomar entre 4 y 6 raciones del grupo de cereales. Cada ración equivale a unos 40-60 g. de pan, una rebanada de entre 4 o 6 dedos de barra tradicional.

Con estos datos resulta fácil poder describir diferentes y múltiples variantes de combinaciones de pan a lo largo de la jornada. Se puede tomar pan en comida y cena, de forma moderada, a modo de acompañamiento. Pero no son estos los únicos momentos en los que se puede consumir tan básico manjar.

Pan en el desayuno

La primera toma del día debería suponer alrededor de la cuarta parte de la ingesta calórica de las 24 horas restantes. Por este motivo, debe ser una comida completa, consistente, al menos, en un alimento del grupo de lácteos (leche, yogur, cuajada, queso magro, etc.), otro del grupo de frutas, mejor entera y con piel y otro del grupo de cereales (galletas maría, cereales de desayuno, pan, biscotes, tostadas, etc.)

Este último grupo es el que hace que el día comience tomando pan: refinado o integral, tradicional o con cereales, fresco o tostado, el pan combina perfectamente con aceite de oliva, tomate, queso fresco, mantequilla, margarina, mermelada, membrillo, jamón cocido o serrano, fiambre de pavo, etc.

Pan en almuerzo y merienda

Comer unas cinco veces al día conlleva muchos beneficios. De esta forma, serán tomas más frecuentes pero menos copiosas. Así se incluye en la dieta la media mañana y la merienda, muy importantes no sólo para niños o ancianos, sino para todas las edades.

Al introducir estas comidas frugales, entra en juego de nuevo el pan. La estructura en ambas puede ser similar pero alternando para no repetir ni cansar. Bien un lácteo con una pieza de fruta o unas galletas, bien la fruta acompañada de un pequeño bocadillo, bien un lácteo con una tostada, bien una infusión o zumo con un pincho, etc.

Bocadillos, tapas, pinchos, etc.

No siempre han de estar compuestos por ingredientes grasos y calóricos. Se puede hacer un bocadillo tan saludable como exquisito, si se mezcla, por ejemplo, queso fresco y salmón o berenjena plancha o jamón serrano con tomate o lomo con pimientos o un vegetal, o crema de aceitunas con un toque de mermelada, etc. La oferta es enorme y sólo pone límite la falta de imaginación. Además, si se tiene en cuenta que la variedad de tipos de pan es elevada, todavía se pueden obtener más combinaciones deliciosas.

No es una casualidad que el pan combine tan bien con todo tipo de productos e ingredientes y esté delicioso en cualquier situación, ya que se trata de un alimento básico en nuestra alimentación. Su sabor, no demasiado penetrante, deja paso a los ingredientes que acompaña sin enmascararlos, su textura, crujiente en el exterior y blanda en el interior, hace que untar resulte fácil, su aroma cuando se está cociendo, evoca buenos tiempos de comida casera y despierta el apetito. El resultado final es una simbiosis perfecta que realza el sabor y aroma de todos los componentes, de forma que el pan sigue siendo nuestro pan de cada día.