¿Por qué bostezamos?

Dr. Jaime Gállego Culleré

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El bostezo es sin duda un fenómeno frecuente y cotidiano del que, paradójicamente, conocemos muy poco. Todos estaremos de acuerdo en que bostezamos con relativa frecuencia e incluso observamos muy a menudo bostezar a alguien todos los días, en cualquier lugar y a cualquier hora, a primera hora de la mañana, y no únicamente en situaciones de sopor o aburrimiento. Todavía es más sorprendente, pero creo que todos coincidirán conmigo, que cuando vemos como alguien bosteza, con relativa frecuencia nos invade la irresistible necesidad de bostezar también y llegamos a imitarla (va el bostezo de boca en boca como el pajarillo de hoja en hoja). Quizá ahora mismo, alguna de las personas que se encuentre leyendo este artículo bostezará o ya habrá bostezado y, quitando el hecho de que a alguien le pueda parecer aburrido, se deberá al simple hecho de mencionarlo. Bostezar es increíblemente contagioso. He conseguido que algunos de ustedes bostezaran simplemente al pensar en la palabra «bostezar».

Lo que se sabe es que el ser humano bostezará unas 250.000 veces a lo largo de su vida y que los bebés en el útero lo hacen ya en la semana 12 a 14 de gestación, lo que sugiere que juega un importante papel neurofisiológico. Existen una serie de preguntas que nos podemos plantear y con pocas o escasa respuestas: ¿qué es el bostezo? ¿por qué bostezamos? ¿Qué significado y qué utilidad puede tener este fenómeno tan normal y a la vez tan desconocido para nosotros? ¿Por qué es contagioso?

¿Qué es el bostezo?

El bostezo se define como es la acción incontrolada de abrir la boca, separando ampliamente las mandíbulas, para realizar una inspiración lenta y profunda a la que la sigue una espiración, también prolongada un poco más corta pero generalmente ruidosa. La duración promedio de un bostezo es de alrededor de 6 segundos. Produce por tanto una inspiración profunda en la cual la boca se abre ampliamente, tanto, que la mandíbula baja mucho más de lo normal, la lengua se extiende hacia abajo y la faringe se dilata. Además, se estiran los músculos faciales, se inclina la cabeza hacia atrás, se cierran o entornan los ojos, se lagrimea, se saliva, se abren las trompas de Eustaquio del oído medio y se realizan muchas otras, aunque imprecisas, acciones cardiovasculares, neuromusculares y respiratorias. Gracias a esa inspiración profunda se produce el paso de un gran volumen de aire hacia los pulmones, hasta llenarlos prácticamente al completo de aire. A los pocos segundos, se produce una espiración rápida para expulsar el aire.

Se trata de una acción común entre los animales vertebrados. Los mamiferos y la mayoría del resto de animales dotados de columna vertebral bostezan, incluyendo peces, tortugas, cocodrilos y aves. La mayoría de bostezos ocurren al despertar o al acostarse. Suelen comenzar con un pequeño estímulo; ya sea por el aburrimiento, el cansancio, hambre, durante el despertar o al ver a alguien bostezar.

¿Por qué bostezamos?

Las causas exactas y la función del bostezo siguen siendo un misterio, y, hasta hace poco, había sido escasamente documentado en el mundo científico. Hoy conocemos que tras este estímulo comienza un proceso que tiene componentes voluntarios e involuntarios. Este estímulo produce una respuesta en una región de nuestro cerebro (formación reticular) que lleva a cabo actividades inconscientes pero que a su vez se halla conectado con otras regiones del cerebro “consciente”. Es como si el bostezo actuara como un regulador de la sensibilidad y de la contracción muscular voluntaria e involuntaria, de los ciclos de vigilia y sueño, del sistema endocrino… etc. Las estructuras neurales necesarias para el bostezo se localizan en la bulbo raquídeo, cerca de los centros respiratorio y vasomotor. Las neuronas que producen el bostezo se activan por la acción de la dopamina, aminoacidos excitadores y oxitocina. A grandes rasgos, la formación reticular sería nuestro cerebrito inconsciente que regula gran cantidad de procesos sin darnos cuenta pero que a su vez va de la mano del cerebro consciente interrelacionándose entre ellos. Y una de las tareas de las que se encarga la formación reticular es el bostezo. La formación reticular, junto con otras estructuras neurológicas, responden ante determinados estímulos con un reflejo semi-involuntario.

Hoy sabemos que en el bostezo intervienen además otras áreas como la corteza cerebral y áreas del cerebelo. Finalmente y después de estos cambios los pulmones quedan preparados para recibir tal cantidad de aire. Por eso, el diafragma y los músculos abdominales (implicados en la respiración) están relajados mientras ello ocurre.

Los conocimientos actuales, las investigaciones llevadas a cabo y las posibles teorías para su comprensión son poco esclarecedoras y no terminan de dar una explicación coherente de este singular comportamiento. Mientras el bostezo no se convierta en un problema, seguirá siendo investigado como una mera curiosidad. Las curiosidades, en ciencia y más aún en medicina, suponen más gastos que beneficios económicos.

Es importante destacar que no es sólo en la especie humana en la que observamos esta conducta tan peculiar, en muchos animales también lo vemos (ya sean reptiles, aves o mamíferos). Pero lo que no todo el mundo conoce es que la hipoxia (la falta de oxígeno en los tejidos del cuerpo) puede desencadenar también un bostezo. Además, se sabe que los fetos de alrededor de 20 semanas de gestación ya bostezan.

Bostezo fetal

Dentro de este desconocimiento se han planteado varias explicaciones o teorías para tratar de contestar a esta pregunta. Sin embargo, ninguna por sí misma aporta una respuesta completa y rotunda. Pasarán años hasta que sepamos con seguridad a qué se debe exactamente. Una explicación es que cuando nos encontramos cansados, aburridos, aletargados, respiramos menos profundamente que de forma normal. En estas situaciones se puede producir una menor utilización de la capacidad de nuestros pulmones con intercambio menor de oxígeno y dióxido de carbono ( C02 ) entre la sangre y los alveolos pulmonares y niveles bajos de oxígeno. Ante esta situación, nuestro organismo responde con un bostezo. Así se expanden los alveolos, en cuestión de segundos, con una gran bocanada de aire y los niveles de estas moléculas en sangre se vuelven a estabilizar. Sin embargo, esta teoría tiene una pega. Se detectaron fetos de doce semanas que bostezaban (movimiento de bostezo fetal) y ellos no utilizan los pulmones hasta que nacen. La forma en la que ellos obtienen el oxígeno y expulsan el dióxido de carbono es a través del cordón umbilical. Este movimiento de bostezo fetal, en el cual la boca se encontraba ampliamente abierta, es bastante diferente de otros que podrían confundirse, como un movimiento rápido de tragar u otro más prolongado, como mantener la boca abierta durante alrededor de dos minutos. Los que defienden esta teoría dicen que hay demasiadas variaciones en las observaciones cómo para considerarlas auténticos bostezos y que, además, los fetos retraen la lengua en lugar de extenderla, como hacen los adultos.

Otra teoría explicaría el supuesto bostezo fetal ya que le ayudaría a mantener un equilibrio con el líquido amniótico. En los adultos, el bostezo se produciría en el período de transición de un estado de alerta a uno de sueño y viceversa. No es raro observarlo en deportistas antes de competiciones importantes o incluso de políticos justo antes de dar conferencias o entrevistas, bostezan. Y ni qué decir tiene lo que ocurre cuando nos vamos quedando aletargados por cualquier actividad carente de interés, el bostezo no tarda en hacer acto de presencia. La razón de este comportamiento tendría unos orígenes evolutivos. El bostezo sería el resultado de la sincronización de nuestro comportamiento con estos cambios de alerta. Por ejemplo, tras un bostezo podemos incrementar nuestra tensión arterial y nuestra frecuencia cardiaca un 30%. De esta forma, no sólo nosotros conseguiríamos ser más conscientes de nuestro estado de alerta, sino que a su vez podríamos comunicarlo al resto del grupo con un simple gesto. Y, eso, a su vez está relacionado con el carácter contagioso de éste.

Bostezo contagioso

Según otra teoría, en la evolución animal, el bostezo se convertiría en un acto intimidatorio al mostrar los dientes a los individuos que le rodeaban. El efecto contagioso de este fenómeno vendría a ser una respuesta refleja y vestigial a la intimidación provocada. Es difícil der sostener que cada vez que bostezamos estemos implícitamente intimidando o retando. Esta teoría explicaría por qué determinados animales bostezan, pero en el ser humano sería un mero reflejo vestigial (actualmente nuestros dientes distan mucho de ser intimidantes) o simplemente no tener nada que ver en ese sentido.

Otra teoría, establece que se produce una mayor frecuencia de bostezos en personas más conscientes de sí mismas y que desarrollan una mayor empatía hacia los demás. Explicaría por qué sólo los humanos y los chimpancés desarrollan el bostezo contagioso.

Finalmente se sabe que en las personas migrañosas días u horas antes de la crisis puede haber cambios leves en el humor (a veces una oleada de energía o un sentimiento de bienestar), sensación de hambre, somnolencia y bostezos frecuentes. En el ser humano durante el sueño se pueden observar y registrar bostezos. De hecho estados anormales de diferente origen o causa en los que se altera el nivel de conciencia pueden acompañarse de bostezos. Con todo lo comentado debemos admitir que la verdadera función del bostezo aún no ha sido totalmente identificada.