¿Qué es el esófago de Barrett?

Melody García Dominguez, Antonio García Domínguez, Alejandra Utrilla Fornals, Lara Aparicio Juez, Paula Omedas Bonafonte, Carmen Jimeno Griñó, Francisco Javier García Alarcón, María Marín Ibañez, Mariela Olivari Montoya, María José Anoro Casbas e Issa Talal El-Abur

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El Esófago de Barrett (EB) es la lesión premaligna del esófago, a través de la cual se desarrolla la secuencia metaplasia de Barrett (transformación celular del tejido) – displasia de bajo grado (modificación precancerosa del tejido) – displasia de alto grado – cáncer o adenocarcinoma. Esto se traduce en un cambio en el epitelio esofágico ante una exposición crónica al contenido gástrico, causada por una enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) severa y prolongada.

Su importancia radica en la potencial degeneración a cáncer (riesgo global 0,5-1%/año). La prevalencia en población general es del 1-2%.
En una ERGE severa y crónica, el revestimiento esofágico próximo al estómago se modifica asimilándose al revestimiento del intestino delgado. La ERGE comienza con síntomas sin repercusión endoscópica (epitelio normal) y su progresión puede culminar en metaplasia de Barrett (5-20% de los pacientes con ERGE sintomático).
La edad, sexo masculino, ser fumador o exfumador, la displasia de bajo grado y la longitud del Barrett son factores que predicen la progresión a displasia de alto grado/cáncer.
La mayoría de pacientes con EB no padecerán cáncer (sólo 0,5-1% de los pacientes con EB lo desarrolla anualmente).

¿Cómo se diagnostica?

Los síntomas son indistinguibles de los pacientes con ERGE sin EB: pirosis, es decir, una sensación de quemazón que asciende desde el estómago a la región cervical, regurgitaciones ácidas de contenido gástrico a la boca (al agacharse o tumbarse, sin náuseas ni esfuerzo que lo motive), disfagia (dificultad para el paso de los alimentos por el esófago), odinofagia (dolor con la deglución), dolor torácico, anemia crónica, síntomas respiratorios por el paso del material regurgitado a la vía aérea (tos crónica, neumonías de repetición, asma…) y laríngeos (disfonía, laringitis crónica).
Con frecuencia el EB es asintomático, por lo que el diagnóstico de certeza es histológico y se realiza mediante endoscopia (mucosa de color rojizo en comparación con el color asalmonado normal) y toma múltiple de biopsias del esófago distal donde se confirma la metaplasia intestinal.

Programa de vigilancia

Una vez diagnosticado EB es importante incorporar al paciente a un programa de vigilancia, cuyo objetivo es detectar mediante endoscopia y biopsia múltiple la presencia de displasia en fases precoces, aumentando las posibilidades de curación. La frecuencia del seguimiento difiere según el grado histológico y la longitud del tramo esofágico afecto.

Tratamiento

• Tratamiento antirreflujo: terapia con IBP (inhibidores de la bomba de protones) para controlar los síntomas del reflujo gastroesofágico. Si pese al correcto tratamiento médico conservador persisten los síntomas, se puede optar por la cirugía antirreflujo. Ni el tratamiento médico ni la cirugía antirreflujo consiguen eliminar el segmento metaplásico, por lo que tampoco hacen desaparecer el riesgo de cáncer. Por ello, lo ideal es asociar un tratamiento endoscópico.
• Tratamiento endoscópico: existen técnicas resectivas, que permiten el estudio del tejido eliminado y técnicas ablativas (radiofrecuencia), menos agresivas pero sin la posibilidad de estudio histológico. Estas técnicas no están exentas de riesgos y todavía son necesarios más estudios para valorar su eficacia terapéutica.
• Esofaguectomía: Se realiza en pacientes con cáncer, a excepción de aquellos con alto riesgo quirúrgico o con signos de diseminación, en los cuales está indicado un tratamiento con quimioterapia y/o radioterapia.
En aquellos que padecen displasia de alto grado la indicación quirúrgica es controvertida. Determinados autores proponen una estricta vigilancia endoscópica con toma exhaustiva de biopsias, debido a la alta morbimortalidad de la esofaguectomía. Sin embargo, otros autores optan por la esofaguectomía, ya que la tasa de supervivencia es mayor a la de los pacientes con cáncer.

AUTORES:

Melody García Dominguez. Médico Residente Servicio Cirugía General y del Aparato Digestivo. Hospital San Jorge. Huesca
Antonio García Domínguez. Médico Residente Servicio Cirugía General y del Aparato Digestivo. Hospital Universitario Severo Ochoa. Leganés. Madrid
Alejandra Utrilla Fornals. Médico Residente Servicio Cirugía General y del Aparato Digestivo. Hospital San Jorge. Huesca
Lara Aparicio Juez. Médico Residente Servicio Urología. Hospital San Jorge. Huesca
Paula Omedas Bonafonte. Médico Residente Servicio Medicina Intensiva. Hospital San Jorge. Huesca
Carmen Jimeno Griñó. Médico Residente Servicio Medicina Interna. Hospital San Jorge. Huesca
Francisco Javier García Alarcón. Médico Residente Servicio Urología. Hospital San Jorge. Huesca
María Marín Ibañez. Enfermera del Servicio Medicina Intensiva. Hospital San Jorge. Huesca
Mariela Olivari Montoya. Enfermera especialidades médicas. Hospital San Jorge. Huesca
María José Anoro Casbas. Supervisora enfermería especialidades médicas. Hospital San Jorge. Huesca
Issa Talal El-Abur. Médico FEA Servicio Cirugía General y del Aparato Digestivo. Hospital Royo Villanova. Zaragoza