La adolescencia, comprendida entre los 10 y 19 años, es una etapa fundamental del desarrollo en la que se producen importantes cambios físicos, emocionales y sociales. Durante este periodo, una de cada seis personas en el mundo se encuentra en esta franja de edad, y aproximadamente uno de cada siete adolescentes presenta algún trastorno mental, aunque muchos de estos casos no se detectan ni reciben tratamiento adecuado.
La salud mental en esta etapa puede verse influida por diversos factores, como el entorno familiar, la situación económica, la presión social, el uso de redes sociales o las relaciones con amigos y compañeros. Situaciones como la violencia, el acoso escolar o la falta de apoyo aumentan el riesgo de sufrir problemas psicológicos.
Es fundamental promover hábitos saludables, como dormir bien, hacer ejercicio y aprender a gestionar las emociones. El apoyo de la familia, la escuela y el entorno social es clave, así como la detección temprana de los problemas y el acceso a servicios de ayuda adecuados. La salud mental en la adolescencia no solo influye en el bienestar presente, sino también en la vida adulta.
Destaco que el Barómetro de salud mental en la juventud ofrece una visión detallada de los problemas psicológicos que afectan a las personas jóvenes en los últimos meses. Los datos muestran que existe un alto nivel de malestar emocional, siendo los síntomas más frecuentes el cansancio, la falta de energía o apatía, los problemas de concentración, la tristeza, el desinterés por las actividades, el miedo al futuro, las dificultades para dormir y la ansiedad. Estos síntomas afectan a una gran parte de la juventud y, en muchos casos, aparecen de forma simultánea, lo que indica un deterioro importante del bienestar emocional. Destaca especialmente la ansiedad, que ha ido aumentando de forma constante en los últimos años.
Además, existen diferencias importantes según el género y la edad. Las mujeres presentan una mayor frecuencia de síntomas y una mayor intensidad del malestar, mientras que el grupo de edad entre 20 y 24 años concentra los niveles más altos de problemas de salud mental. Aun así, más de la mitad de los jóvenes no ha recibido nunca un diagnóstico profesional. Entre quienes sí lo tienen, los trastornos más comunes son la ansiedad, la depresión, el TDAH y los trastornos de la conducta alimentaria. Las mujeres presentan cifras más altas en ansiedad, depresión y trastornos alimentarios, mientras que el TDAH es más frecuente en hombres.
El informe también refleja una alta presencia de conductas autolesivas. Casi la mitad de los jóvenes ha tenido pensamientos relacionados con hacerse daño alguna vez en su vida, y más de un tercio ha llegado a autolesionarse. Aunque estas conductas son más frecuentes en mujeres, los hombres presentan más episodios repetidos. En relación con el suicidio, los datos también son preocupantes: un porcentaje elevado ha tenido ideas suicidas, algunos han llegado a planificarlas y una parte ha intentado llevarlas a cabo. A pesar de ello, se observa una ligera mejora respecto a años anteriores, ya que aumenta el número de jóvenes que nunca han tenido este tipo de pensamientos.
En cuanto al apoyo social, una parte importante de la juventud no habla con nadie sobre sus problemas de salud mental. Quienes sí lo hacen suelen recurrir principalmente a la familia, amistades o profesionales. Sin embargo, los hombres tienden a compartir menos sus problemas y los adolescentes son los que menos buscan ayuda. Entre las principales razones para no pedir apoyo destacan la intención de resolver los problemas por sí mismos, la vergüenza, el miedo al juicio de los demás o la creencia de que el problema no es lo suficientemente grave.
El acceso a la ayuda profesional también presenta dificultades. La mayoría de los jóvenes no ha acudido a servicios de salud mental, y entre quienes lo han hecho, es más común la consulta privada que la pública. El principal obstáculo es el coste económico, seguido de la percepción de que no es necesario acudir a un profesional. Esto pone de manifiesto la existencia de barreras importantes en el acceso a la atención psicológica.
Otro aspecto relevante es la influencia de la imagen corporal y la presión social. Una parte significativa de la juventud se preocupa por su aspecto físico y por la opinión de los demás, especialmente las mujeres. Esta preocupación puede generar inseguridad, afectar a la autoestima y estar relacionada con problemas como la ansiedad, la depresión o los trastornos alimentarios.
La violencia también tiene un impacto importante en la salud mental. Muchos jóvenes manifiestan preocupación por sufrir violencia física, sexual o acoso, tanto en persona como en redes sociales. Además, un alto porcentaje ha experimentado violencia verbal, física o sexual en el último año. Estas situaciones están directamente relacionadas con el aumento del estrés, el miedo y los problemas emocionales.
En relación con el consumo de sustancias, una parte de la juventud recurre a medicamentos, en muchos casos con receta, aunque también existe consumo sin prescripción. Asimismo, algunos jóvenes utilizan el alcohol o las pastillas como forma de calmarse. También son frecuentes otras conductas de riesgo como dormir poco, tener una mala alimentación, fumar, consumir drogas o mantener relaciones sexuales sin protección. Estas conductas afectan negativamente tanto a la salud física como mental.
Por último, el Barómetro destaca la presencia de soledad no deseada, que afecta a una parte importante de la juventud. Muchas personas jóvenes se sienten solas de forma frecuente, lo que tiene un impacto directo en su bienestar emocional y puede agravar otros problemas de salud mental. En conjunto, estos datos reflejan la necesidad de mejorar la prevención, el acceso a recursos y el apoyo social para cuidar la salud mental de la juventud.
AUTORES:
Guillermo Esteban Prats. TCAE. Hospital Nuestra Sra. de Gracia.
María Elena Carasusán Vela. Celadora. Hospital Nuestra Sra. de Gracia.
BIBLIOGRAFIA:
1.www.wikipedia.org
2.www.infocop.es


