¿Qué hay que saber de las picaduras de garrapata?


María Erroz Ferrer, Isabel Gordo Baztán, Jorge Álvarez García, Estíbaliz Sáez López, María García Ayerra

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Se acerca el verano y con ello, los meses donde con mayor probabilidad se puede sufrir una picadura por una garrapata: junio, julio y agosto. A pesar de que en la mayoría de ocasiones no suele ser origen de infecciones o complicación, es preciso conocer los signos de alarma ante los que se deberá solicitar una evaluación sanitaria.

Las garrapatas son artrópodos hematófagos presentes en todo el mundo que parasitan mamíferos, aves y reptiles de diferentes medios, especialmente silvestres. El ser humano es un huésped accidental. En caso de picadura existe cierto riesgo de transmitir infecciones, como por ejemplo la enfermedad de Lyme.
Esta enfermedad está provocada por la Borrelia burdorferi, la cual infectaría a la garrapata Ixodes, que a su vez sería el vector trasmisor al ser humano. Los lugares donde hay mayor riesgo de picadura por estas garrapatas son las áreas forestales de hoja caduca.

Cómo prevenir las picaduras

La manera más importante de evitar esta enfermedad es la prevención de picaduras por garrapata. Habrá que tener especial cuidado cuando se realicen actividades de riesgo como: paseos por el campo o por el bosque, senderismo, caza, pesca, acampada…etc.
Las medidas de protección personal más aconsejadas serían: llevar ropa clara y de manga larga; uso de repelentes en la ropa (como el DEET al 20-30%); desparasitación de animales de compañía; y siempre tras la salida al campo realizar una inspección minuciosa posterior de la piel, ropa y cuero cabelludo. Son necesarias entre 48-72 horas de contacto entre la garrapata y el ser humano tras la picadura para transmitir enfermedades, por lo que si logramos retirar antes la garrapata, se pueden evitar muchas infecciones.

Cómo extraer la garrapata

El método de extracción de la garrapata que se asocia a un menor número de complicaciones e infecciones es la retirada cuidadosa con pinzas. Utilizaremos pinzas de borde liso y sin dientes. Se introducirá entre la cabeza y la piel y se realizará una tracción constante y firme de manera perpendicular a la piel. No se debe utilizar ningún material para desprender la garrapata: ni alcohol, ni vaselina, ni aceite… ya que con esto se podrían resbalar las pinzas pudiendo provocar un aumento de presión en el abdomen de la garrapata que provocará la transferencia de sangre infectada de nuevo al ser humano.
Si tras la retirada persiste parte de la garrapata anclada, no se debe manipular más para evitar riesgo de infección, debiendo esperar a la caída espontánea de los restos que hayan quedado.
Posteriormente se recomienda aplicar antiséptico local para la desinfección de la zona y guardar la garrapata en un bote cerrado durante 1 mes por si se precisa estudiarla a posteriori.
Las sociedades científicas americanas y europeas no recomiendan la administración profiláctica rutinaria de antibiótico tras estas picaduras. Por lo contrario, se recomienda estar atentos a los signos de alarma de infección especialmente el primer mes tras la picadura y en ese caso solicitar atención médica.

Signos de alarma

Estos signos de alarma serían la aparición de un exantema anular de crecimiento centrífugo conocido como “eritema migratorio”.
Se considera patognomónico de la enfermedad e indicación de inicio de antibioterapia al diagnóstico. Otras manifestaciones menos frecuentes serían la aparición de un nódulo no doloroso rojo-azulado en pabellón auricular, areola mamaria o escroto, o síntomas pseudogripales como cansancio, falta de apetito, dolor de cabeza, dolores articulares o fiebre.
Es importante detectarlo a tiempo ya que la enfermedad puede dar manifestaciones más tardías, tras semanas o meses de la picadura si no se trata. Estas manifestaciones podrían ser lesiones en piel similares al eritema migratorio pero más pequeñas y múltiples, afectación neurológica como parálisis facial, afectación cardiaca como miocarditis o arritmias, o afectación articular con artritis de grandes articulaciones como la rodilla.
En esos casos el diagnóstico se confirmaría mediante anticuerpos en analítica sanguínea y se trataría con antibiótico oral o intravenoso según la gravedad.

AUTORES:

María Erroz Ferrer e Isabel Gordo Baztán. FEA Servicio de Pediatría. Hospital Universitario de Navarra.
Jorge Álvarez García. FEA Servicio de Pediatría. C.S. Ansoáin.
Estíbaliz Sáez López. Enfermera. Hospital Universitario de Navarra.
María García Ayerra. FEA Servicio de Pediatría. C.S. Ansoáin.