Una crisis epiléptica febril consiste en un episodio convulsivo que ocurre en un niño, generalmente entre los 6 meses y los 5 años de edad, asociado a fiebre (≥ 38 °C), sin evidencia de infección del sistema nervioso central, alteraciones metabólicas ni antecedentes de epilepsia previos.
La causa no es la fiebre en sí, sino el cambio brusco de temperatura en un niño genéticamente predispuesto (suele haber antecedentes en alguno de los progenitores), en una edad en la que el cerebro todavía es inmaduro.
Es por ello que tener una convulsión febril no implica que la causa de la fiebre sea una infección grave. En la mayoría de las ocasiones se producen en contexto de infecciones víricas que se resuelven solas.
Ocurren en niños neurológicamente sanos y no dejan secuelas. Se repiten en aproximadamente 30–40 % de los niños en otros episodios febriles, pero la mayoría tienen buen pronóstico, no desarrollan epilepsia y dejan de tener crisis por encima de los 5 años.
¿Cómo son las crisis febriles?
Este tipo de crisis aparecen en las primeras 24h de inicio del cuadro febril. Comienzan de forma brusca y la convulsión suele ser generalizada tónico-clónica, con pérdida de la conciencia. Tienen una duración corta (habitualmente menos de 15 minutos) y la recuperación es completa, sin asociar ningún déficit neurológico posterior.
¿Qué hacer durante la crisis?
Lo más importante es intentar mantener la calma. Hay que intentar colocar al niño de lado, evitar que se pueda hacer daño con objetos que tenga a su alrededor, no introducir nada en la boca ni sujetarlo o intentar detener los movimientos.
Es importante observar la duración de la crisis y si es mayor de 5 minutos contactar con los servicios de emergencias.
Cuando ceden los movimientos es normal que el niño esté adormilado e incluso que cueste despertarle. Se trata del periodo postcrisis y puede durar hasta una o dos horas.
¿Cuándo acudir a urgencias?
Se debe acudir a urgencias siempre tras un primer episodio de crisis febril.
Si el niño ya ha tenido otros episodios de crisis febril es recomendable acudir en las siguientes circunstancias:
- Tras convulsiones prolongadas que necesitan medicación para ceder
- Si presenta convulsiones repetidas en el mismo episodio febril
- Si la convulsión afecta a solo una parte del cuerpo
- Cuando no se recupera adecuadamente tras la crisis
- Si el niño no tiene buen estado general o los padres tienen dudas de que el niño esté bien.
AUTORES:
Belén Miranda Alcalde. Médico Adjunto de Pediatría, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
Pablo Oteo Manjavacas. Médico Adjunto de Urología, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.


