Uno de los principales problemas de salud para las personas mayores son las caídas. No solo provocan fracturas y lesiones, sino que también generan miedo a volver a caerse, pérdida de confianza y autoestima y, en muchos casos, una disminución significativa de la autonomía personal.
La buena noticia es que muchas caídas se pueden prevenir con medidas sencillas.
Factores que aumentan el riesgo
El envejecimiento conlleva cambios naturales en nuestro cuerpo: pérdida de masa muscular, disminución de la visión, problemas de equilibrio o la presencia de enfermedades crónicas. Todos estos cambios, hace que la persona sea más vulnerable. También influyen factores externos, como un hogar mal adaptado: alfombras sueltas, mala iluminación, calzado inadecuado…
Medidas de prevención en el hogar
El entorno doméstico es clave. Algunas recomendaciones son:
• Retirar alfombras en las que puedan resbalar y/o tropezar.
• Mejorar la iluminación, especialmente en pasillos y baños.
• Instalar barras de apoyo en el baño.
• Instalar antideslizantes en la bañera.
• Instalar pasamanos en las escaleras.
• Mantener el suelo libre de obstáculos, como cables o muebles bajos.
• Utilizar calzado cerrado y con suela antideslizante.
Importancia del ejercicio físico
La actividad física es clave para mantener la fuerza muscular y sobre todo el equilibrio. Ejercicios como caminar, nadar, hacer bicicleta estática resultan muy beneficiosos.
Revisión de la salud
Realizar revisiones de la visión y la audición es fundamental, ya que ver y oír bien disminuye las posibilidades de tropezar o desorientarse.
Papel de la familia y los cuidadores
La prevención de caídas no es solo responsabilidad de la persona mayor. La familia y los cuidadores también deben de implicarse. Darse cuenta de los cambios en la movilidad, acompañar en las salidas cuando es necesario o animar a realizar actividad física son apoyos esenciales para mantener la autonomía y la seguridad.
Consecuencias más allá de la caída
La mayoría pensamos que las consecuencias de una caída son las fracturas o las lesiones físicas, pero las caídas también tienen un impacto emocional. Muchas personas desarrollan miedo a volver a caerse, lo que les lleva a reducir su actividad diaria. Este círculo de inactividad favorece la pérdida de fuerza y aumenta aún más el riesgo. Por eso, trabajar la confianza y la seguridad es tan importante como prevenir la caída en sí.
Un objetivo común: envejecer de forma segura
Prevenir las caídas en personas mayores es una tarea compartida entre profesionales de la salud, familiares y la propia persona. Con un hogar adaptado, ejercicio físico, revisiones médicas y apoyo emocional, podemos conseguir que los mayores mantengan su independencia y disfruten de una vida activa y segura.
Porque envejecer con calidad de vida significa también moverse sin miedo.
AUTORA
Paula Ugarteburu Belaustegi. Enfermera del Hospital Universitario de Navarra


