Abordaje integral de la soledad no deseada en personas mayores desde el centro de salud


Alicia Sánchez García. Especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria. Centro de Salud Fuentes Norte de Zaragoza Área 2

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La soledad no deseada se ha vuelto uno de los principales problemas de salud y bienestar en Aragón, una comunidad con muchas personas mayores en la ciudad y en pueblos alejados entre sí. Cada vez hay más personas mayores que viven solas o tienen menos contacto con familiares y amigos, lo que afecta a su salud física, emocional y a su autonomía diaria. Desde Atención Primaria, por nuestra cercanía y trato continuo, podemos detectar este tipo de situaciones y buscar ayudas coordinadas. La soledad no deseada no es solo estar sin compañía, sino sentir que las relaciones que se tienen no son suficientes o no dan el apoyo necesario.

Este sentimiento puede aumentar el riesgo de depresión, pérdida de memoria, debilidad, empeoramiento de enfermedades crónicas e incluso mayor riesgo de fallecimiento. En Aragón, donde en la ciudad y en muchos pueblos hay una población envejecida y con menos vida social, su impacto es especialmente importante. Detectarla a tiempo es muy importante. En la consulta, los profesionales podemos ver señales como acudir muchas veces por molestias poco claras, cambios en el cuidado personal, dificultades para seguir el tratamiento o comentarios sobre falta de ganas. Hablar con la persona, hacer preguntas claras sobre si se siente sola y usar herramientas sencillas nos ayuda a ver quién está en riesgo. Las visitas en casa, tanto en la ciudad como en zonas rurales, permiten conocer mejor su entorno, accesos y apoyos reales. Una vez vista la situación, hacemos una valoración completa. En la parte de salud se revisan enfermedades, estado emocional, memoria y fragilidad. En la parte funcional valoramos la autonomía, la movilidad y la capacidad para mantener rutinas. En la parte social observamos la red de apoyo, la participación en la comunidad, la situación económica y el posible aislamiento. Este trabajo conjunto entre medicina de familia, enfermería comunitaria y trabajo social permite preparar un plan adaptado a cada persona.

Las ayudas pueden ser individuales, en grupo o en la comunidad. A nivel individual, escuchar con atención, ofrecer apoyo emocional y pequeñas ayudas psicológicas es muy útil. Las enfermeras comunitarias tenemos un papel muy importante en el seguimiento, la educación para la salud y en detectar cambios en la capacidad de la persona. En grupo, los talleres de envejecimiento activo, el ejercicio adaptado o las actividades de memoria ayudan a relacionarse y mantener rutinas, potenciando así los activos comunitarios de la zona de salud desde la consulta en el centro de salud. En la comunidad, es clave coordinarse con Servicios Sociales, asociaciones, centros de día y voluntariado para ofrecer apoyo y participación. La coordinación entre sanidad y servicios sociales es fundamental. La soledad no deseada no se puede tratar desde un solo ámbito; necesita buena comunicación, trabajo conjunto y centrarse en cada persona. Atención Primaria actúa como enlace entre la sanidad y los recursos disponibles comunitarios. En resumen, la soledad no deseada en personas mayores es un problema creciente en Aragón y resto de España, requiere apoyo comunitario. El centro de salud, por su proximidad y habilidad de acompañamiento, estamos en una posición estratégica para liderar este proceso y contribuir a un envejecimiento saludable, activo y digno. La soledad no deseada no es estar sin gente, es ser invisible incluso cuando el mundo está lleno.

AUTORA:

Alicia Sánchez García. Especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria. Centro de Salud Fuentes Norte de Zaragoza Área 2.