Alimentación en primavera

Patricia Lloves Pascual

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Cada estación del año nos ofrece diferentes tipos de alimentos. Al comienzo de la primavera, nuestro organismo agradece una cura de limpieza tras los excesos cometidos durante el invierno, estación en la que estamos acostumbrados a comer platos con un mayor aporte de grasas y calorías para combatir el frío ambiental y en mayor cantidad, además de llevar una vida más sedentaria.

En primavera, llega el buen tiempo y con él, un cambio en nuestra alimentación y en nuestro estilo de vida. Nos apetecen alimentos frescos, mayor cantidad de líquidos y nos movemos más, estamos más activos.

Comer bien en primavera

Nuestra alimentación debe ser correcta en todas las épocas del año. Nutrirse con alimentos frescos es siempre recomendable y en estos meses, debemos aprovechar las hortalizas y frutas estacionales que nos brinda la naturaleza.

No todos podemos comer lo mismo. La alimentación varía de una persona a otra. Hay que tener en cuenta el estilo de vida, la edad, la actividad física, si padece algún tipo de enfermedad, etc. Por este motivo, no existe una dieta (alimentación) única para todo el mundo, pero sí podemos hablar de una pauta general que todos podemos seguir: varía la dieta todo lo que te sea posible.

Come despacio, masticando bien los alimentos. Si masticamos bien, facilitamos el trabajo al estómago y las digestiones serán mejores.

Realiza un buen desayuno. Es la comida más importante del día. Nuestro desayuno debe estar formado por alimento del grupo de lácteos, un cereal y una fruta, como mínimo. Los lácteos es preferible que sean semidesnatados o desnatados para disminuir las grasas saturadas. Los cereales, mejor integrales para conseguir un mayor aporte de fibra. Las frutas frescas para compensar parte de las necesidades vitamínicas que se han visto aumentadas. Ejemplos de desayuno: Leche semidesnatada o desnatada con cacao, cereales y una pieza de fruta. O Café con leche semidesnatada o desnatada con tostadas con mermelada y una pieza de fruta.

Colorea los platos

Comenzar con una buena ensalada o verdura de temporada. Continuar con un alimento proteico (pescado, carne, huevo, legumbre) acompañado de verdura terminar con una pieza de fruta fresca, mejor bien lavada y con piel. Ejemplo de comida: Alcachofas con setas. Merluza con base de tomate, calabacín y cebolla. Macedonia de frutas.

Toma cenas ligeras y tempranas. Deben ser más ligeras que en invierno porque ya no hace tanto frío y, por lo tanto, nuestras necesidades energéticas disminuyen. Es conveniente que esta toma se realice dos horas antes de acostarse, para que la digestión no interfiera con el sueño.

No olvides la media mañana y la merienda

Debemos hacer unas tomas intermedias: almuerzo a media mañana y la merienda para asegurarnos una correcta alimentación.

Ejemplos: Bocadillo de embutido magro (jamón serrano, pavo, jamón cocido) con tomate natural y un lácteo desnatado (yogur o vaso de leche). Otra opción podría ser: una pieza de fruta y un lácteo. O un batido hecho en casa: Fresas con leche con un toque de canela.

Consume cinco raciones de fruta y hortaliza al día. Las piezas de fruta las puedes distribuir en desayuno o como postre en la comida y cena o en las tomas intermedias. La verdura una como plato principal en la comida y la otra en la cena en forma de crema o puré de verduras.

Hidrátate

Mantener el cuerpo bien hidratado en fundamental para contribuir al buen desarrollo de las distintas funciones orgánicas.

La mayoría de las veces no tomamos agua porque “se nos olvida” al no sentir sensación de sed y podemos pasar varias horas sin ingerir ningún tipo de líquido. Para evitar esto, debemos de tener a nuestro lado una botella con agua para obligarnos a beber. O bien, asociar la ingesta de líquidos a las 5 comidas diarias que realicemos.

Es importante no esperar a tener sed para empezar a beber. Cuando aparece sensación de sed es porque el cuerpo ya ha empezado a deshidratarse.

Procura beber unos seis a ocho vasos de agua o infusiones al día.

No abuses del aceite, el azúcar y la sal. Puedes sustituir la sal por hierbas aromáticas (orégano, cebollino, pimienta, albahaca), dan mucho sabor a los platos.

Los alimentos “estrella” en primavera

La alcachofa se recolecta en primavera y es uno de los principales estandartes de la gastronomía Navarra. Sus flores son la parte comestible de la planta. Su acción diurética, debida a la cinarina, produce un aumento de la eliminación de orina y favorece las funciones del hígado y la vesícula biliar.

Es muy rica en fibra, por lo que se aconseja su consumo en personas con problemas de estreñimiento y produce gran sensación de saciedad. Colabora en el control de los niveles de colesterol, especialmente por sus fitoesteroles, que interfieren en la absorción del colesterol de los alimentos. También disminuye el nivel de glucosa en sangre. Su inulina ralentiza la absorción de hidratos de carbono, por lo que está recomendada para personas con diabetes.

Las posibilidades gastronómicas de la alcachofa son múltiples: guisadas, hervidas, al vapor, fritas, confitadas, en un sofrito, etc. además, son el ingrediente principal de la menestra de verduras.

El apio. Los tallos de esta hortaliza son la parte comestible. Está considerado como un depurador y contiene sustancias diuréticas y un gran aporte de fibra.

El apio se puede tomar en ensalada, en caldos o sopas ya que aporta mucho sabor, en cremas o purés e incluso en infusiones.

Dietas para perder peso

Con la llegada del buen tiempo, muchas personas se plantean perder “esos kilos que sobran”. Es en esta época cuando aparecen las llamadas “Dietas milagro” (dietas muy hipocalóricas, sin ningún rigor científico, no tienen el efecto que prometen y pueden llegar a perjudicar seriamente la salud).

Siempre que pretendas perder peso, debes acudir a un dietista –nutricionista.