La relación entre el paciente y los profesionales sanitarios

Juan Ignacio Arraras . Red de Salud Mental. Servicio Navarro de Salud. UNED Pamplona Uxue Zarandona . Servicios de Oncología. Complejo Hospitalario de Navarra

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La relación entre el paciente y los profesionales es un elemento clave en la atención que reciben las personas con cualquier enfermedad. Podríamos considerar dicha relación como un prerrequisito – una de las bases en la que se apoyarían los diferentes elementos de la atención sanitaria. En este sentido, a través de esta relación se va a establecer una alianza de trabajo – una alianza terapéutica – dirigida al cuidado y si es posible a la mejora de la persona enferma: los profesionales y el paciente van a trabajar con esta alianza más como un equipo.

Con el paso de los años ha habido un incremento en la tecnología que se aplica a las diferentes enfermedades: hay mejores y más complejos sistemas de diagnóstico y de tratamiento. Ello no debería llevarnos en absoluto a prestar una menor atención a la relación entre el paciente y los profesionales, ni a disminuir su valor. Se trata de compaginar la tecnología con la atención a los aspectos más humanos de la atención sanitaria.

Además, se ha pasado a que en un mayor número de casos intervengan diferentes equipos de profesionales en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades. Estos equipos presentan sus propias características del número de personas que participan en la atención, de tiempo que pueden dedicar al paciente, de diferente grado en el que pueden conversar con el (Ej. es diferente el papel de un profesional de laboratorio al del personal de enfermería de radioterapia, que puede hablar con el paciente a diario durante varias semanas).

Por otro lado, los pacientes pueden ser atendidos en diferentes entornos, desde el centro de Atención Primaria, los diferentes Servicios del Hospital o su propio domicilio. Estos lugares presentan en mayor o menor medida características que pueden facilitar la relación entre el paciente y el profesional: que haya sitios para sentarse y charlar con cierta privacidad, que el entorno sea agradable, y otros.

La creación de la relación entre paciente y profesional

De manera esquemática podemos entender que en los servicios sanitarios se establece una relación entre los profesionales – quienes conocen las técnicas para diagnosticar y tratar las enfermedades y que tienen un interés en la persona que cuidan en su conjunto (no sólo en lo físico), y los pacientes – que tienen (o podrían llegar a tener) unas limitaciones debidas a su enfermedad, y que desean encontrar a alguien que sepa aplicar adecuadamente dichas técnicas, pero que también tienen otros deseos, como son los de información o de apoyo emocional. Esta relación se comienza a crear desde el primer contacto que se da entre ellos: ya en ese momento se produce un intercambio de mensajes no verbales (por ejemplo a través de la mirada, la sonrisa), y verbales (por ejemplo con los saludos informales). La relación irá creciendo, manteniéndose y en algunos casos variando, a lo largo del periodo que dure la atención sanitaria.

Aspectos emocionales de la relación entre paciente y profesional

En esta relación va a haber un contacto personal en el que van a tener un peso clave los aspectos emocionales. En los siguientes párrafos nos gustaría comentar algunos de estos aspectos:

Es importante que se den un respeto y una confianza mutuos entre el paciente y los profesionales. También el que estos hagan ver que toman los problemas de los pacientes seriamente, mostrando interés por cómo se encuentran, cómo viven su enfermedad y tratamiento.

Es bueno que en las conversaciones entre los profesionales y pacientes el profesional ayude a que el paciente se encuentre relajado y que facilite el que hable abiertamente sobre los temas que le interesen, haga preguntas o exprese comentarios y emociones. Este animar al paciente a hablar debería complementarse con un respeto de su privacidad – deseo del propio paciente de no hablar de algunos temas. Una cierta cercanía entre profesional y paciente va a ser también de ayuda: por ejemplo, se puede llamar a la persona con su nombre de pila, lo que en absoluto significa que el profesional este mostrando una competencia técnica baja.

En este sentido conviene recordar que un número importante de las personas mayores de nuestro entorno, pueden tener la idea de que son los profesionales quienes deben marcar la duración y el contenido de la conversación, y que lo esperable, de no indicarse lo contrario, es que el paciente permanezca en silencio.

Por otro lado, el hablar de aspectos emocionales puede requerir una preparación por parte de los profesionales sobre cómo manejar (y en algunos casos tolerar) dichas emociones.

Es bueno para la relación entre los profesionales y el paciente, que exista una comprensión mutua del papel de cada uno de ellos: por ejemplo de lo que unos pueden estar intentando con su tratamiento; de los síntomas que presenta el paciente; y de cómo tanto los profesionales como el paciente viven la situación. En este sentido, es además adecuado que todos ellos intenten compartir una visión común de la enfermedad y de los tratamientos, y si es posible que hablen con sinceridad, ya que va a permitir que el paciente entienda mejor en qué punto de su enfermedad y tratamiento se encuentra, y hacia donde se dirige. Es cierto que las personas nos diferenciamos en el grado de información que deseamos recibir de los diferentes temas relacionados con la enfermedad. Por otro lado, las limitaciones que se dan en nuestro entorno a la hora de ofrecer información sobre el diagnóstico o el pronóstico de algunas enfermedades, como el cáncer, tienden a dificultar que se de esa visión común sobre la situación y a frenar la comunicación entre paciente y profesional.

Otro aspecto que podría contribuir a crear una relación es el que el profesional se acercara al paciente desde una cierta igualdad, en el que le hiciera ver que ambos son personas y que por ello comparten sentimientos, necesidades y otros aspectos. Ello no implica que deba mostrarse como menos preparado técnicamente. Al revés, es bueno que se presente como una persona segura y con dominio de las técnicas de diagnóstico y tratamiento que esta empleando. En este sentido, los recursos técnicos de que disponen los profesionales, lejos de distanciar la relación, pueden favorecer esa sensación de seguridad en el paciente. Asociado a esa igualdad esta el que los profesionales respeten la autonomía del paciente a la hora de tomar decisiones. Por ejemplo, no siempre los pasos que desea dar el paciente sobre los tratamientos a recibir (cuando darlos, qué tipo de tratamiento de entre los posibles elige, y otros) coinciden con la visión de los propios profesionales. Es conveniente para establecer una relación adecuada, que el profesional ofrezca información, pero que no se muestre excesivamente persuasivo con el paciente. Ello podría frenar la confianza que el paciente puede poner en el profesional.

Importancia del tiempo de contacto entre paciente y profesional

Un aspecto que, tal como decíamos antes, va a ser clave para poder establecer dicha relación es el contar con tiempo. Uno de los deseos que más suelen indicar los profesionales sanitarios, es el de disponer de más tiempo para hablar con los pacientes, deseo que se palia en parte en los casos en que los contactos entre pacientes y profesionales son más frecuentes. Dentro del disponer de tiempo podríamos incluir el que el profesional dedique el espacio suficiente en la consulta para hablar con el paciente, para que este la haga preguntas y las pueda contestar. Pero también incluimos el que el profesional dentro de su horario pueda estar disponible para hablar con el paciente si este lo solicita, o con que disponga de tiempo (y por lo tanto lo haga) para acercarse sin ser necesariamente llamado por el paciente, y le pregunte por cómo se encuentra, y por si necesitara alguna ayuda.