Resistencia a las hormonas tiroideas


Lidia Olivar Gómez. Médico interno residente (MIR) Endocrinología y Nutrición; Hospital Universitario Miguel Servet.

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La resistencia a las hormonas tiroideas (síndrome de Refetoff) constituye un síndrome producido como consecuencia de la disminución de la sensibilidad de la hormonas tiroideas sobre sus receptores diana. Habitualmente se produce por mutaciones que afectan a la subunidad ß del receptor de hormonas tiroideas (gen THRB) y se hereda con un patrón autosómico dominante. Su prevalencia en la población general es de 1 por cada 40000 habitantes.

Características bioquímicas y clínicas

A nivel analítico se produce una elevación de los niveles de tiroxina (T4) y triyodotironina (T3), junto con un incremento o ausencia de supresión de la tirotropina (TSH). Suele cursar con niveles aumentados de tiroglobulina, pudiendo identificarse autoinmunidad tiroidea igualmente elevada. El diagnóstico de confirmación es genético (gen THRB).

Se puede administrar una pauta progresiva de T3 (dosis de 50, 100 y 200μg de T3), realizando determinaciones analíticas que permitan conocer la respuesta de TSH a TRH; y estudiar los niveles de colesterol, creatina quinasa (CK), ferritina y SHBG.  Los pacientes con  resistencia a las hormonas tiroideas muestran una respuesta incrementada del valor de TSH al estímulo con TRH; y de colesterol y CK tras T3.

Los pacientes muestran habitualmente un curso clínico asintomático, aunque los signos y síntomas oscilan de acuerdo a la intensidad de resistencia ejercida a nivel de los receptores. El bocio es el signo más frecuentemente identificado; pudiendo coexistir síntomas de hiper e hipofunción tiroidea. Habitualmente, la mayor parte de los pacientes alcanzan un desarrollo normal; mientras que en casos severos se puede producir retraso del crecimiento y asociar dificultad en el proceso de aprendizaje.

Tratamiento

El manejo de la resistencia a las hormonas tiroideas se ve influenciado por diferentes parámetros, tales como la edad del paciente y los tratamientos previamente administrados.

Habitualmente no se precisa tratamiento farmacológico a pesar de la identificación de niveles elevados de hormonas tiroideas. El incremento producido suele alcanzar un equilibrio con la proporción de resistencia ejercida al nivel del receptor de hormonas tiroideas, lográndose un estado clínicamente eutiroideo.

En los pacientes que presenten manifestaciones clínicas de hipertiroidismo (palpitaciones, nerviosismo, sudoración, alteraciones del ritmo deposicional o debilidad; entre otros) se pueden utilizar fármacos betabloqueantes, reservándose la administración de antitiroideos para las situaciones de tirotoxicosis severa.

Se deben administrar dosis de hormona tiroidea (L-T3) en caso de reducción de los niveles de hormona tiroidea junto con bocio; así como durante la edad infantil si se identifican problemas de crecimiento o retraso en el aprendizaje.

El tratamiento quirúrgico del bocio asocia una tasa de recidiva elevada, por lo que debe intentarse lograr una supresión farmacológica de TSH (TSH <0,1mU/L) mediante la administración de L-T3, evitando una transición posterior hacia la tirotoxicosis.

AUTORA:

Lidia Olivar Gómez. Médico interno residente (MIR) Endocrinología y Nutrición; Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.