La mayoría de las infecciones pueden tratarse con éxito si se diagnostican y tratan a tiempo. Sin embargo, en algunas ocasiones el organismo reacciona de forma descontrolada ante la infección y se produce una situación muy grave conocida como sepsis.
La sepsis es una emergencia médica que puede poner en peligro la vida en cuestión de horas. A pesar de ser poco conocida por gran parte de la población, causa millones de muertes cada año en todo el mundo y requiere atención inmediata.
¿Qué es exactamente la sepsis?
La sepsis ocurre cuando el sistema inmunitario, encargado de defendernos de las infecciones, responde de manera exagerada y provoca daños en los propios órganos del cuerpo.
En lugar de limitarse a combatir los microorganismos causantes de la infección, la respuesta inflamatoria se extiende por todo el organismo y puede afectar a órganos vitales como los pulmones, los riñones, el hígado, el corazón o el cerebro.
Cuando la situación empeora y aparece una caída grave de la presión arterial que impide que los órganos reciban suficiente sangre y oxígeno, se habla de shock séptico, la forma más grave de la enfermedad.
Un problema de salud mundial
La sepsis es una de las principales causas de muerte en el mundo. Se estima que cada año afecta a cerca de 49 millones de personas y está relacionada con alrededor de 11 millones de fallecimientos. Los niños pequeños, especialmente los menores de cinco años, constituyen uno de los grupos más afectados. También representa un importante desafío para los sistemas sanitarios debido a la complejidad de su tratamiento y a los elevados costes de hospitalización.
¿Quién tiene más riesgo de padecer sepsis?
Aunque cualquier persona con una infección puede desarrollar sepsis, algunas tienen un riesgo mayor:
- Personas mayores.
- Recién nacidos y lactantes.
- Mujeres embarazadas o en las semanas posteriores al parto.
- Personas con defensas bajas debido a enfermedades o tratamientos.
- Pacientes con enfermedades crónicas, como diabetes, insuficiencia renal o enfermedades hepáticas.
- Personas ingresadas en unidades de cuidados intensivos.
¿Qué infecciones pueden provocarla?
La sepsis puede ser consecuencia de infecciones causadas por bacterias, virus, hongos o parásitos.
Las infecciones que con más frecuencia desencadenan una sepsis son:
- Neumonías y otras infecciones respiratorias.
- Infecciones urinarias.
- Infecciones abdominales o digestivas.
- Infecciones que llegan directamente al torrente sanguíneo.
Por este motivo, ninguna infección importante debe subestimarse, especialmente en personas vulnerables.
Señales de alarma que no deben ignorarse
Reconocer los síntomas de forma precoz puede salvar vidas. Algunas señales de alerta son:
- Confusión, somnolencia o cambios en el estado mental.
- Respiración rápida o sensación intensa de falta de aire.
- Presión arterial baja, que puede causar mareos o desmayos.
- Fiebre alta o, en algunos casos, temperatura corporal anormalmente baja.
- Debilidad extrema o sensación de enfermedad grave.
- Disminución de la cantidad de orina.
Ante una infección acompañada de alguno de estos síntomas, es fundamental buscar atención médica urgente.
¿Cómo se diagnostica?
Los profesionales sanitarios combinan la exploración clínica con pruebas de laboratorio para valorar si existe daño en los órganos y determinar la gravedad del cuadro.
Entre las pruebas más utilizadas se encuentran:
- Análisis de sangre para detectar signos de infección e inflamación.
- Medición de sustancias como el lactato, que puede indicar que los tejidos no reciben suficiente oxígeno.
- Estudios para identificar el microorganismo responsable de la infección.
- Pruebas de imagen, como radiografías o ecografías, para localizar el foco infeccioso.
El objetivo es confirmar el diagnóstico lo antes posible para iniciar el tratamiento sin demora.
El tiempo es clave
En la sepsis, cada minuto cuenta. Diversos estudios han demostrado que los retrasos en el tratamiento aumentan significativamente el riesgo de complicaciones y muerte.
Por ello, muchos hospitales cuentan con protocolos específicos, conocidos como “Código Sepsis”, que permiten movilizar rápidamente a distintos profesionales para atender al paciente.
¿Cómo se trata?
El tratamiento de la sepsis suele realizarse en el hospital y, en los casos más graves, en unidades de cuidados intensivos.
Las medidas principales incluyen:
• Administrar antibióticos u otros antimicrobianos: cuando se sospecha una infección bacteriana, los antibióticos deben iniciarse lo antes posible, incluso antes de conocer exactamente qué microorganismo está causando la enfermedad.
• Mantener una adecuada circulación sanguínea: los pacientes suelen recibir líquidos por vía intravenosa para mejorar la presión arterial y asegurar que los órganos reciban suficiente sangre y oxígeno.
• Aportar oxígeno y soporte vital: algunas personas necesitan oxígeno suplementario o dispositivos de asistencia respiratoria. En situaciones graves también puede ser necesario el uso de medicamentos para mantener la presión arterial.
• Eliminar el origen de la infección: si existe un absceso, un catéter infectado o tejido dañado que mantiene la infección activa, es fundamental tratarlo o retirarlo cuanto antes.
¿Se puede prevenir?
Muchas situaciones de sepsis pueden evitarse mediante medidas sencillas:
- Lavarse las manos con frecuencia.
- Mantener una correcta higiene alimentaria.
- Disponer de agua potable y sistemas adecuados de saneamiento.
- Cumplir los calendarios de vacunación recomendados.
- Utilizar los antibióticos únicamente cuando sean necesarios y siempre bajo supervisión médica.
Estas acciones no solo reducen el riesgo de infección, sino que también ayudan a combatir el problema creciente de la resistencia a los antibióticos.
Un mensaje importante para recordar
La sepsis es una complicación grave de las infecciones, pero puede tratarse con éxito si se reconoce y atiende a tiempo. Conocer sus síntomas de alarma y buscar asistencia médica urgente ante una posible sospecha puede marcar la diferencia entre la recuperación y consecuencias potencialmente mortales.
La información, la prevención y la actuación rápida siguen siendo las herramientas más eficaces para reducir el impacto de esta enfermedad en todo el mundo.
AUTORES:
- Miriam Royo Álvarez. Médico Adjunto en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
- Laura Martín Sánchez. Médico Adjunto en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
- Irene Sampedro Martín. Médico Adjunto en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
- María Barrera Sánchez. Médico Interno Residente en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
- Lucas Barros López. Médico Interno Residente en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
- Marcos Blanco Santoro. Médico Interno Residente en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
- Laura Ventura Prado. Médico Interno Residente en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
- Pilar García Fuertes. Médico Interno Residente en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.


