Vacunarse en todas las etapas de la vida


Sonia Matarranz Ripodas, Miriam Royo Álvarez, Marina Beroiz Salaverri, Iker López Alforja.

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A lo largo de la vida, la inmunización sigue siendo una de las formas más efectivas y seguras de prevenir enfermedades. En la edad adulta, las defensas naturales pueden disminuir y reaparecen riesgos ante infecciones que, en personas mayores o con enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes u otras, pueden causar complicaciones graves. La vacunación es una herramienta eficaz y segura que ayuda a reducir complicaciones, hospitalizaciones y mortalidad por ello se debe mantener el calendario vacunal actualizado.

La importancia de la vacunación continua

Algunas vacunas administradas en la infancia requieren dosis de refuerzo en la edad adulta para conservar su protección. Otras se incorporan más adelante, como las vacunas contra la gripe, el neumococo o el herpes zóster. Vacunarse no solo protege a quien recibe la dosis, sino también a su entorno, reduciendo la transmisión de enfermedades en la comunidad.

El papel de la Atención Primaria

Los centros de salud son el eje del seguimiento vacunal. Desde enfermería, se revisa el calendario de cada persona, se identifican posibles dosis pendientes y se informa sobre las vacunas recomendadas en cada etapa. Además, se resuelven dudas y se ofrece información fiable frente a bulos o temores infundados sobre las vacunas. Esta labor educativa es clave para mantener la confianza y la adherencia.

Vacunas más relevantes en adultos

La vacuna antigripal anual se recomienda a las personas entre 60 y 69 años, a la población infantil entre 6 y 59 meses de edad, al personal sanitario y sociosanitario de centros públicos y privados, personas con otras condiciones de riesgo, personas que proporcionan cuidados domiciliarios o convivientes de otras con alto riesgo de complicaciones, estudiantes en prácticas en centros sanitarios y sociosanitarios, así como personal de centros de educación infantil o personas con exposición laboral directa a animales o a sus secreciones en granjas u otro tipo de explotaciones.

La vacuna frente al neumococo previene neumonías y complicaciones graves. También se recomienda mantener actualizadas las dosis de tétanos y valorar la vacunación frente al virus del papiloma humano y al herpes zóster, según edad y factores de riesgo. En mujeres embarazadas, vacunas como la de la tos ferina protegen tanto a la madre como al bebé.

Beneficios más allá de la protección individual

Las campañas de vacunación refuerzan la salud colectiva y disminuyen la carga asistencial en el sistema sanitario. Cada dosis administrada evita hospitalizaciones, secuelas y muertes prevenibles. Las vacunas son una inversión en bienestar y calidad de vida.Revisar el calendario de vacunación en las revisiones periódicas o en la consulta de enfermería es una forma sencilla de cuidarse. La prevención no termina en la infancia: cada etapa vital tiene su oportunidad para reforzar la protección. Vacunarse es un acto de responsabilidad individual y social que salva vidas cada día.

AUTORES:

  • Sonia Matarranz Ripodas. Enfermera Especialista Familiar y Comunitaria. ISPLN.
  • Miriam Royo Álvarez. F.E.A. de Medicina Intensiva. Hospital Universitario Royo Villanova, Zaragoza.
  • Marina Beroiz Salaverri. Técnico de Laboratorio. Hospital de Navarra. Pamplona.
  • Iker López Alforja. Óptico-optometrista. Óptica