El virus de Epstein-Barr (VEB) es uno de los agentes infecciosos más frecuentes en todo el mundo. Pertenece a la familia de los herpesvirus y se estima que más del 90% de la población adulta ha estado en contacto con él. Aunque muchas infecciones pasan desapercibidas, en adolescentes y adultos jóvenes puede causar la denominada mononucleosis infecciosa.
La transmisión se produce principalmente a través de la saliva, por lo que popularmente se conoce como la “enfermedad del beso”. Tras un periodo de incubación de varias semanas, se inicia un cuadro de fiebre, dolor de garganta, inflamación de las amígdalas, aumento del tamaño de los ganglios del cuello y cansancio que suele ser más intenso y prolongado que el de otras infecciones respiratorias.
El problema de esta enfermedad es que puede confundirse fácilmente con una faringoamigdalitis bacteriana. El aspecto de la garganta suele ser muy llamativo, con amígdalas aumentadas de tamaño y placas blanquecinas, lo que puede llevar a la prescripción de antibióticos. Sin embargo, cuando se administran amoxicilina o ampicilina a pacientes con infección por Epstein-Barr es frecuente la aparición de una erupción cutánea rojiza y extensa. Aunque esta reacción no suele corresponder a una alergia verdadera al medicamento puede llevar a diagnósticos erróneos de alergia a las penicilinas.
Debe sospecharse ante una amigdalitis que se acompaña de ganglios inflamados, fiebre persistente y una fatiga desproporcionada para un cuadro infeccioso habitual. El diagnóstico puede confirmarse mediante análisis de sangre que detectan alteraciones características y anticuerpos específicos frente al virus.
No existe un tratamiento antiviral específico. El manejo consiste en reposo relativo, una adecuada hidratación y medicación para aliviar la fiebre y el dolor. La evolución suele ser favorable, aunque la sensación de cansancio puede persistir durante varias semanas o incluso meses tras la infección aguda.
En ocasiones, algunos ganglios linfáticos permanecen aumentados de tamaño durante un tiempo prolongado, lo que puede generar preocupación. De hecho, determinadas manifestaciones de la infección pueden llegar a confundirse inicialmente con enfermedades hematológicas como los linfomas, especialmente cuando existen adenopatías persistentes o síntomas generales. Por este motivo, algunos pacientes requieren estudios complementarios para descartar otras patologías.
Aunque el virus permanece latente en el organismo durante toda la vida, la gran mayoría de las personas no volverá a presentar problemas relacionados con él. Reconocer esta infección resulta fundamental para evitar tratamientos innecesarios, interpretar correctamente sus síntomas y realizar un adecuado diagnóstico diferencial ante cuadros de fiebre, dolor de garganta y ganglios inflamados.
AUTORES:
- Laura Ventura Prado. Médico Interno Residente en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
- Pilar García Fuertes. Médico Interno Residente en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
- Marcos Blanco Santoro. Médico Interno Residente en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
- María Barrera Sánchez. Médico Interno Residente en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
- Lucas Barros López. Médico Interno Residente en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
- Miriam Royo Álvarez. Médico Adjunto en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
- Laura Martín Sánchez. Médico Adjunto en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
- Irene Sampedro Martín. Médico Adjunto en Medicina Intensiva. Hospital Universitario Miguel Servet.
- Jaime Rioja Rodríguez. Medico Interno Residente en Medicina Interna. Hospital Universitario Miguel Servet.


