El acompañamiento espiritual y religioso -caricia- en los cuidados paliativos que producen bienestar y paz interior


José Ignacio Martín Badules. Responsable del Servicio de Cuidados Espirituales-Religiosos del Hospital Universitario de Navarra

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Los pacientes que se encuentran en esta situación de enfermedad presentan unas necesidades básicas que hay que cuidar, y este proceso final de la vida coloca a la espiritualidad y a las creencias religiosas como una fuente de luz, que a muchos de ellos, les da esperanza y una fuerza espiritual interior que trasciende toda dimensión física, social y emocional.

Con el deseo de ofrecer una mejor calidad de vida a las personas que sufren de alguna enfermedad grave surgen precisamente los cuidados paliativos, pero, ¿a qué nos referimos con estos términos de cuidados paliativos o enfermos terminales?.

La palabra paliativo proviene del latín “pallium”, que significa manto o cubierta, y se podría decir que en nuestro caso hace referencia al hecho de cubrir o cuidar las necesidades que presentan estas personas con el fin de mejorar los síntomas que producen dolor y sufrimientos. Se fundamenta en aliviar el dolor, así como otros síntomas que acompañan la enfermedad; pero esta disciplina, también considera los problemas psicológicos, sociales y espirituales-religiosos con el objetivo de alcanzar la máxima calidad de vida tanto para el paciente como para su familia.

Se podría decir que un paciente paliativo es aquel que presenta una enfermedad crónica, debilitante o amenazante independientemente de su edad. El objetivo tiene como eje el alivio del dolor y sufrimiento físico, psíquico, y espiritual que se origina por la enfermedad, por su tratamiento o por el hecho de estar próximo a la muerte.

El procedimiento para tratar a estos enfermos paliativos se debe edificar atendiendo a las metas, preferencias, necesidades y cuidados del mismo paciente y su familia, de esta forma y con el apoyo interdisciplinar de los profesionales de la salud, tanto el paciente como su familia, deben ser capaces de tomar decisiones correctamente informadas por los profesionales que le atienden.

Atención integral al paciente

Dentro de estos tratamientos hay que resaltar la importancia de la parte espiritual religiosa, sin referirnos a ningún tipo de creencia o religión.
De acuerdo con la Guía de Manejo Integral de Cuidados Paliativos emitida por el Consejo de Salubridad General (CGS) “la espiritualidad es el conjunto de pensamientos, valores, conceptos, ideas, ritos y actitudes a través de los cuales articulamos nuestra vida y buscamos el sentido, el propósito y la trascendencia de la vida impulsados por nuestro espíritu”.

Conviene recordar que la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) puntualiza en la necesidad de una atención integral (holística) que considere los aspectos físicos, emocionales, sociales y espirituales-religiosos del paciente, y de la misma manera la Guía de
Criterios de Calidad en Cuidados Paliativos plantea evaluar las necesidades generadas a partir de estos aspectos. Ambas consideran prioritario atender las necesidades espirituales-religiosas de las personas en esta fase de la enfermedad para ayudarles a morir en paz y reconciliados con ellos y con su entorno.

Algunas de las necesidades espirituales-religiosas mas frecuentes que presentan estos pacientes son:
• Ser reconocido como persona. En esta situación el enfermo suele perder su identidad de lo que era, en este caso, el enfermo necesita que los demás le sigan considerando como antes de la enfermedad.
• Volver a leer la biografía de su vida. El paciente necesita hacer un balance positivo de su vida con el fin de poder aceptar más fácilmente su final.
• La búsqueda del sentido. Esto se traduce en encontrar significado a su existencia y sitúa a la persona frente a lo esencial.
• Liberarse de la culpa y perdonarse. El paciente intenta buscar respuestas a cuestiones existenciales como el morir. Necesita encontrar al responsable o culpable de su dolor y sufrimiento.
• Sentirse perdonado. La reconciliación y el perdón son importantes. facilitar el perdón del paciente hacia los otros y de los otros hacia el, puede llevarlo a reorientar sus emociones, pensamientos y conductas promoviendo emociones y actitudes positivas como la compasión, la empatía y el amor.
• Situar y establecer su vida más allá de sí mismo. En casi todas las personas, existe la necesidad de trascender, de prolongar la vida individual hacia las dimensiones de la humanidad entera o del encuentro con la divinidad o un ser superior.
• Necesidad de continuidad. En relación al futuro, el tiempo limitado puede ser vivido como una frustración, pero también puede estar abierto a lo trascendente. La proximidad del fin puede ayudar a confrontar y considerar una nueva jerarquía de valores.
• Auténtica esperanza, no ilusiones falsas. Vivir en verdad y con verdad, la realidad de su actual situación. La esperanza genera optimismo y suele nacer de las experiencias positivas que se han generado a lo largo de la vida, aunque sea en medio de contrariedades y sufrimiento.

• Expresar sentimientos religiosos. Muchas personas, independientemente de su orientación religiosa, tienen una forma específica de expresar sus sentimientos religiosos cuando se acercan a la muerte. Es muy importante detectar esta necesidad para cuidar sus deseos.
• Amar y ser amado. Este tipo de enfermo, necesita tener una relación positiva con su entorno, con sus seres queridos y con los que le atienden. Es importante que se sienta querido y valorado. Se puede dar consuelo a los enfermos con una caricia suave, respirando al mismo ritmo que ellos, o acompañándoles con nuestra presencia física en silencio.

Bienestar físico y psicológico

La experiencia nos dice, que con esta manera de actuar, el acompañamiento espiritual religioso repercute en el bienestar físico y psicológico de las personas mayores y enfermas al final de su vida. Cuidando estas necesidades anteriormente citadas, facilitamos que la persona cuente con herramientas para que, pese a su enfermedad incurable, tenga calidad de vida. Al mismo tiempo ayuda a mejorar la relación con su círculo social cercano: familia, amigos y cuidadores.
Creer es bueno y la fe es fuente de salud.

Finalizo este artículo con un pensamiento de San Agustín que a mi me hace mucho bien y de alguna manera me hace sentir y vivir en la verdad:
Existías, Señor, antes de que yo naciese y ningún título poseía para recibir la existencia. Y sin embargo, existo gracias a tu bondad. No se trata, por cierto, de que tengas necesidad de mí. Sencillamente has querido que por Ti sea yo feliz.