Entendiendo la artritis reumatoide

Dra. Marta Casorrán Reumatóloga. Servicio de Reumatología Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.

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Artritis y artrosis son términos que a menudo se utilizan indistintamente en la población general. Sin embargo, si bien ambos hacen referencia a enfermedades que afectan a las articulaciones, presentan grandes diferencias etiológicas, terapéuticas y pronósticas.

¿En qué se diferencian la artritis de la artrosis?

En general, la artrosis se considera un proceso degenerativo de “desgaste” del cartílago articular que ocasiona dolor (habitualmente con el uso de la articulación, mejorando en reposo) y deformidad de la misma. Aunque puede existir cierto grado de inflamación articular, no es característica.
Por el contrario, la artritis consiste en la inflamación de las articulaciones, y se manifiesta con dolor, hinchazón y dificultad de movimiento. El dolor de la artritis es característicamente más intenso a primeras horas del día (tras un periodo de inactividad prolongada), y no mejora con el reposo. Según la causa, existen distintos tipos de artritis (infecciosa, por depósito de microcristales, autoinmune…).

¿Qué es y por qué se produce la artritis reumatoide?

La artritis reumatoide es un tipo de artritis autoinmune, en la que se forman unos anticuerpos que actúan principalmente contra las articulaciones, dando lugar a su inflamación.
Todavía se desconoce la causa de la enfermedad. Se sabe que existen alteraciones en el sistema inmunitario que activan una serie de procesos inmunes provocando la inflamación articular. Aunque no se trata de una enfermedad hereditaria, se han identificado numerosos genes implicados en estas alteraciones.
Se considera una enfermedad multifactorial, es decir, en una persona genéticamente predispuesta, se dan una serie de circunstancias (como la exposición a determinados microorganismos o al tabaco) que conllevan al desarrollo de la misma.

¿A quién afecta?

Afecta a 1 de cada 200 personas en España, siendo más común en mujeres que en hombres. Aunque puede debutar a cualquier edad, su comienzo es más frecuente entre los 40 y 60 años. El riesgo de padecer esta enfermedad es mayor en los familiares de pacientes con artritis reumatoide y en fumadores.

¿Qué manifestaciones produce?

Los síntomas más característicos son el dolor y la hinchazón articular, sobretodo de las muñecas y las pequeñas articulaciones de manos y pies, aunque puede afectar a casi cualquier articulación. El dolor cervical también puede deberse a esta enfermedad, mientras que la columna lumbar y dorsal no se ve afectada.
Estos síntomas se acompañan de dificultad para iniciar el movimiento, sobretodo por las mañanas, lo que conocemos como “rigidez matutina”. Característicamente, esta rigidez es mayor de 30 minutos, a diferencia de la artrosis, en la que, aunque puede existir cierto grado de rigidez, su duración es menor.
Si la inflamación se mantiene en el tiempo, puede originar deformidad articular y pérdida de movilidad, pudiendo ocasionar discapacidad y disminución de la calidad de vida.
Aunque afecta principalmente a las articulaciones, se trata de una enfermedad sistémica, es decir, pueden aparecer manifestaciones a otros niveles: fiebre, cansancio, anemia, pérdida de apetito y de peso, hormigueos en manos y pies, tos, sensación de falta de aire, sequedad en los ojos o en la boca, manchas en la piel…

¿Cómo se diagnostica?

Muchas de las enfermedades reumáticas, como la artritis psoriásica o el lupus eritematoso sistémico, cursan con manifestaciones parecidas a las de la artritis reumatoide. Desafortunadamente, no existe una única prueba que diagnostique la enfermedad. Como en gran parte de las enfermedades reumáticas, el diagnóstico se realiza con la suma de varios criterios establecidos por las sociedades científicas.
Ante la sospecha de que una persona pueda padecer esta enfermedad, debe ser remitida lo antes posible al reumatólogo, médico especialista en las enfermedades del aparato locomotor. Actualmente existen Unidades de Artritis Precoz que facilitan una atención rápida a estos pacientes. Un diagnóstico precoz implicará un tratamiento precoz, factores fundamentales para mejorar la evolución de la enfermedad.
El médico realizará un interrogatorio detallado y una exploración completa. Si lo considera necesario, solicitará una serie de pruebas para confirmar el diagnóstico de artritis reumatoide y descartar otras enfermedades. Una analítica general, la determinación de determinados anticuerpos como el factor reumatoide y de marcadores de inflamación, y la realización de radiografías simples son fundamentales en la valoración inicial. En determinados casos pueden ser necesarios otros estudios.
Pese a la realización de todas estas pruebas, en algunas ocasiones puede no llegarse al diagnóstico precozmente y es a lo largo de la evolución cuando se diagnostica. Otros pacientes pueden no cumplir criterios de artritis reumatoide ni de otras enfermedades reumáticas nunca, quedando catalogados como artritis indiferenciada.

¿Cuál es su tratamiento?

No existe un tratamiento curativo. No obstante, disponemos de un arsenal terapéutico extenso que nos permite controlar la enfermedad en un porcentaje cada vez mayor de pacientes.
No se ha demostrado que la alimentación influya en la enfermedad. Sin embargo, se recomienda evitar el sobrepeso y seguir una dieta sana y equilibrada. Aunque debe evitarse la sobrecarga articular y las posturas forzadas, es beneficioso realizar ejercicio físico regular como pasear o nadar.
Inicialmente, la artritis reumatoide se trata con fármacos antiinflamatorios, analgésicos y corticoides. El tratamiento precoz con los denominados fármacos modificadores de la enfermedad mejora el pronóstico de la enfermedad. Entre estos fármacos, el metotrexato es el más utilizado y sigue siendo la piedra angular del tratamiento pese a la aparición de nuevas terapias. Muchas veces es preciso combinar varios fármacos. La infiltración intraarticular de corticoide es otra técnica requerida con frecuencia. Cuando estas medidas no son suficientes, puede ser necesario pasar a un escalón terapéutico superior constituido por las llamadas terapias biológicas. Estas terapias actúan contra moléculas implicadas en procesos inflamatorios, frenándolos o disminuyéndolos. Sin embargo, su limitada disponibilidad y sus potenciales efectos secundarios hacen que sea necesaria una selección adecuada del paciente candidato a recibirlo por parte de su reumatólogo. Constantemente se están investigando nuevos fármacos para el tratamiento de esta enfermedad.
La cirugía puede estar indicada en determinados casos muy rebeldes y localizados, o para corregir deformidades.

En resumen…

La artritis reumatoide es una enfermedad de causa todavía desconocida que afecta fundamentalmente a las articulaciones. Aunque no se dispone de un tratamiento curativo, existen numerosos fármacos que nos ayudan a controlar la enfermedad en gran parte de los pacientes, permitiéndoles llevar una vida prácticamente normal. El diagnóstico y tratamiento precoz son los factores que más influyen en una evolución satisfactoria.